
El objetivo de esta sección es compartir con otras parejas historias y relatos reales sucedidos en cualquiera de los Clubes Swinger Mexicanos, solo serán publicadas aquellas que incluyan detalles del Club; preferentemente el nombre y la fecha aproximada cuando sucedió.
Este espacio esta abierto para recibir comentarios y opiniones, evita palabras altisonantes u ofensivas innecesarias. Consideren que este espacio será moderado, y no publicaremos anuncios de eventos o comerciales del club mencionado


Abril 21, 2009 a las 4:39 pm
Mi nombre es Brenda, soy maestra de inglés y tengo 33 años, puedo decir que no soy exactamente lo que se dice bonita pero sí atractiva, de buen cuerpo, aunque visto muy formal pues mis costumbres son muy convencionales, por la educación que recibí de mi familia. Estoy casada con José Luis, un hombre diez años mayor que yo, bastante guapo, llevamos apenas dos años de casados pero el último ha sido un problema, las cosas dejaron de funcionar en la cama y luego, todo lo demás también empezó a caminar mal.
El caso fue que en diciembre, cerca de Navidad, yo me sentía súper triste por nuestras peleas y porque ya ni nos tocábamos. Una amiga me recomendó que hiciera todo lo que estuviera a mi alcance por volver a tener buen sexo porque sólo así podría recuperar la relación, así que un día, antes de iniciar las vacaciones, fui por mi marido a la oficina, sin avisarle antes.
Su secretaria me hizo pasar a la oficina y al entrar, le dije “mira, José Luis, vengo a decirte que te sigo amando y que por eso quiero resolver lo nuestro, debemos intentarlo, salgamos esta noche y hablemos para ver cómo se arregla nuestra situación”. Enseguida, él me respondió “no hay nada que hablar, ya se perdió la magia entre nosotros, Brenda, ya ni siquiera hacemos el amor, además, esta noche no puedo salir contigo porque tengo un compromiso”, muy seco y distante.
Me dio mucho coraje el cortón pero me contuve y le respondí en buen tono “anda, José Luis, al menos vamos a tratar, estoy dispuesta a hacer cualquier cosa para recuperar primero nuestra pasión en la cama y luego, todo lo demás”. Él se me quedó mirando con un brillo especial en sus ojos y me cuestionó “¿estás segura que harías cualquier cosa para que tengamos una buena relación sexual?”, le respondí “sí, José Luis”, entonces él se levantó de su escritorio y me dijo “está bien, Brenda, vamos a intentarlo y como estás dispuesta a todo, te pido que esta noche seas mi esclava sexual”, paseándose por su despacho.
Yo no daba crédito a lo que estaba pidiendo pero balbuceante, le respondí que sí, enseguida él me indicó “entonces hoy harás todo lo que yo diga sin chistar, sin remilgos, sin miedos, sin preguntas” y reiteré “será como tú digas, José Luis”, guardando para mí las reservas. Entonces me instruyó “muy bien, saldremos hoy por la noche… pero antes, vete a la casa, ponte una ropa más sensual y a las once, paso por ti para ir a un antro swinger”.
De inmediato, yo reaccioné casi gritando “¿qué te pasa?, ¿estás loco?, ¿por quién me tomas?, ni lo pienses José Luis, yo soy una mujer decente”. Mi marido se me quedó viendo fijamente, como diciéndome con la mirada que sabía que yo no iba a cumplir, entonces lo medité unos segundos y cambié de opinión, diciéndole en tono resignado “está bien, José Luis, a las once estaré lista en la casa, todo sea por lo nuestro”.
Me dio tiempo de pasar a la tienda Liverpool donde me compré una mini falda negra súper entallada y una blusa pegadita, de color azul; me sorprendí al verme al espejo, me veía muy bien, mis piernas y mi busto resaltaban de maravilla, aunque sentía que era un poco postri ese atuendo. Llegué a la casa, me maquillé, me solté el cabello y esperé llena de preguntas, de dudas, de nerviosismo hasta que mi esposo tocó el claxon como a las once y media; al arrancar, él me dijo que no me estaba permitido hablar hasta que él me lo ordenara.
Cuando llegamos al club swinger, vimos que está ubicado en una calle de mala muerte y al entrar, nos llevaron a una mesa cerca de la pista, había otras parejas, pocas en realidad y la mayoría bailaban, luego el mesero nos llevó dos bebidas fuertes, a las que yo no estoy acostumbrada. Tuve que tomarme mi tequila y luego José Luis me dijo que fuera a la pista, a bailar sola, así que con pasos tímidos, me subí a la pista y como buscando su protección, empecé a balancearme cerca de la pareja que bailaba, notando que yo vestía mucho más recatada que las otras; además de parecer los más confiables, eran los más atractivos.
Él un hombre alto, de mi edad, de traje y con el cabello corto; por su parte, ella iba con una falda corta pero no exagerada y una blusa más o menos holgada. Aparte de nosotros, cerca de diez parejas bailaban en la pista y las mujeres sí estaban vestidas muy atrevidamente, tocaban canciones disco de los 70s. La pareja y yo sonreíamos y quizás notaron mi incomodidad porque al iniciar la tercera pieza, me tomaron de la mano y me llevaron a la mesa, donde se despidieron de mí muy amablemente.
Al poco rato, José Luis, tomó su abrigo que había colocado en el respaldo de una silla junto a nosotros, sacó un envoltorio y me lo entregó, ordenándome “ve al baño a ponerte esto y regresas”. Molesta, me levanté y caminé el largo trecho hasta el baño, notando que no fueron pocas las miradas cargadas de lujuria que me lanzaron desde la pista y desde la mesas, en especial, las de la pareja con la que había bailado.
Entré en uno de los gabinetes de baño y abrí el envoltorio que contenía un brasier y una panti de lo más vulgares, de color rojo y transparentes. No sin cierta muina, procedí a ponérmelas pero, sin darme cuenta, me demoré en hacerlo, tratando de aclarar mis pensamientos, era verdad que estaba enojada y celosa pero también, que me había sentido distinta desde que me compré esa ropa atrevida, desde que bailé en la pista yo sola con aquella pareja tan atractiva, desde que atravesé la disco con las miradas prendidas de mis piernas y de mis pompas.
Además, era verdad que estaba odiando a mi marido y que no sabía hasta donde quería llegar pero también es cierto que tocar y poner sobre mi cuerpo esas prendas rojas, el sostén con una abertura a la altura de los pezones y la tanga, con otra a la altura de mi vagina, me provocaba una sensación rara pero no desagradable, casi diría que sensual. Quizás, a pesar de la molestia y de la vergüenza, me estaba excitando e hice algo extraño para mí misma, tiré al bote de basura mi ropa interior, la de señora decente.
Por el camino, volví a notar las miradas y me sentí hasta liviana hasta que llegué a la mesa y me senté cuando bajaron las luces y salieron los strippers a dar su espectáculo. Bailaron y se desnudaron, luego pasaron a las mesas, yo estaba segura de que José Luis no iba a permitir que se acercaran a mí y yo misma no lo deseaba, a pesar del pene erecto y muy grande que se cargaba uno de ellos y que, debo reconocerlo, pasaba a engrosar mis contradicciones.
No me gustaba lo que estaba viviendo en ese lugar, habría preferido irme pero al mismo tiempo, me hacía sentir cosquillitas el cuerpo perfecto del joven bailarín y más aún, su herramienta pero con una indicación de mi marido, los strippers se saltaron nuestra mesa y yo respiré aliviada.
Después, todas las parejas pasamos a un lugar más chico, en la parte de abajo del local, donde hay mesas también, ahí me tomé otro tequila, nunca había bebido tanto. Ahora las parejas estábamos mucho más cerca; del lado derecho a nosotros, sentados en su mesita, una pareja joven empezó a acariciarse entre besos ruidosos, incluso ella ya tenía la mano en el pene de su galán, sobre el pantalón y él le metía su mano entre la blusa.
Algunas otras parejas también se enfrascaban en fajes que se volvían cada vez más atrevidos mientras que sólo nosotros y la pareja con la que había bailado estábamos en calma, ellos estaban sentados justo frente a nosotros, a no más de tres pasos y se tomaban sus whiskys con mucha calma. Luego, José Luis dio nuevas indicaciones, diciéndome “desabróchate la blusa poco a poco y ve abriendo las piernas para que ellos te vean”; desde luego que yo no iba a hacer eso y ahora sí me desesperé y hasta colorada me puse del coraje, ahora sí iba a parar toda esa tontería, ¿qué se estaba pensando el imbécil de mi marido?, una cosa era un juego calenturiento y otra cosa, una perversión como la que me estaba pidiendo.
Yo estaba a punto de estallar y José Luis debió de haber visto el semblante de mi cara, mi enojo total y antes de que yo protestara, me puso los dedos de su mano en mis labios para callarme, fue un gesto decidido pero sin agresión, insistiendo “haz lo que te digo, me lo prometiste en la oficina, primero enséñales las tetas”.
Sin saber la razón, a mí no se me ocurrió más que obedecer sin siquiera saber por qué o para qué, sencillamente, con mucha lentitud, fui desabrochándome la blusa al tiempo que crecía en mí una sensación por demás rara; por un lado, sabía que era inconcebiblemente indebido lo que estaba haciendo, así fuera para salvar mi matrimonio pero por el otro, tenía una sensación de libertad al ir desabrochándome la prenda y viendo como la pareja de enfrente me miraba.
El brasiere transparente dejaba salir mis pezones crecidos y al vérmelos, José Luis me quitó por completo la blusa y al poco tiempo, la chica procedió a hacer lo mismo que yo, poco a poco fue desabrochándose su blusa y ahora éramos nosotros los que la observábamos. Era una agonía ver lo lento que lo hacía y a diferencia de mí, ella no llevaba brasiere, por lo que aparecieron sus pechos blancos y más grandes que los míos, firmes, en forma de pera, incluso ella fue más atrevida que yo y le dio un pequeño masaje a sus pezones rosados.
A continuación, mi marido me pidió “las piernas, abre las piernas Brenda, para que vean tu panochita”, inmediatamente yo respingué, no sólo por la instrucción sino porque José Luis jamás había usado esas palabras y en un arrebato de conciencia, le dije que no con la cabeza pero él, sin hacerme caso, firme, subió un poco mi falda acariciándome de pasada mis muslos externos. Viendo la mirada de la pareja sobre mí y después de darle un trago a mi bebida, empecé a abrir las piernas, muy despacio, un milímetro cada minuto, no sé qué me provocaba ver como los tenía hipnotizados, no despegaban la vista de mí, de mis piernas que ya iban a la mitad del camino y quizás, ya se veía mi tanga.
Desde luego, a esas alturas, debí reconocer que no era algo desagradable lo que estaba sintiendo y me quedé así, con las piernas bien abiertas, aunque no de manera exagerada para no parecer ridícula, sencillamente abiertas para que ahí entraran las miradas de mis amigos. No se necesitaba ser adivina para saber lo que seguiría después, ella se arremangó la falda y con similar deleite al mío, aunque más rápido, también abrió las piernas y tanto José Luis como yo pudimos ver su sexo depilado, apenas como una mancha más oscura sobre su piel blanca.
Para entonces, casi todas las demás parejas se habían metido por una puerta, que ahora sé que es del cuarto oscuro pero nosotros cuatro estábamos bien ahí, sólo mirándonos y tomando. Llegó el momento que yo estaba temiendo, el hombre se puso de pie y fue a sentarse a mi lado, dejando a su chica frente a nosotros tres, entonces sólo se sentó, sin decir ni hacer algo; al principio, era extraño pero luego empezó a resultar agradable estar junto a ese hombre, que no pretendía meterme la mano y su mayor atrevimiento era beber de mi misma copa.
Pasados unos minutos, José Luis me indicó “ya puedes hablar y si quieres nos vamos, me muero de ganas de llegar a hacerlo en la casa” y me dio un beso muy largo, muy erótico pero también muy tierno, añadiendo “haz sido la esclava más maravillosa, ahora ya no hay esclavitud, sino amor” y yo me sentí feliz, entonces me dijo “vámonos”. Sin embargo y para mi propia sorpresa, yo misma le pedí que esperáramos un poco más, que me tomaría un último trago y nos íbamos.
Mientras tanto, el hombre seguía a mi lado y su chica enfrente, mirándome, era muy acogedor y erótico seguir ahí los cuatro solos pero todo cambió de repente, cuando el chico se quitó el pantalón y lo dejó sobre la alfombra, luego se acercó a mi oído y me dijo, con voz sensual “ya vi que te calienta ver la panocha de mi esposa, ¿te gustan las mujeres?”. Casi automáticamente, le respondí negativamente y enseguida, él reclamó “entonces te gustará más ver mi verga, ¿verdad?” y no esperó contestación, sólo se bajó el calzón y de reojo, vi su falo, muy grueso, muy grande, tan cerca de mí.
De inmediato, mi marido me volvió a preguntar “¿nos vamos?” y con mucha pena, aunque fingiendo que nada erótico pasaba en mí, le propuse “esperemos un rato más y así me acabo mi tequila”, entonces él me cuestionó “¿no te importa que a tu lado tengas a un hombre con el pito de fuera, dándotelo a desear?” y solo le dije “un ratito más”, fue lo único que se ocurrió contestar. En ese instante, la chica se acomodó en su lugar y empezó a tocarse el sexo, a acariciárselo pasando sus dedos de arriba abajo, de abajo arriba.
Eso era demasiado para mí y de inmediato, le susurré al oído a mi marido “sácatelo, José Luis”, fue ahora él quien obedeció y al hacerlo, yo tomé su instrumento, que aunque es mucho más pequeño que el que acababa de ver al lado de mí, esa noche representaba para mí, la reconciliación total. Al instante, yo se lo envolví con mi mano, se lo apreté y en mi oído, volví a oír la voz masculina, diciéndome “mira qué rico se masturba mi mujer para ti, está empapada y deseando que tú le metas tus dedos”.
Yo sólo tragué saliva y empecé a mirar alternativamente a la chica que se tocaba y gemía frente a mí y al hombre que a mi lado, pegadito a mí, también se masturbaba y me hablaba sin tocarme, diciéndome “así, rico, mira a la caliente de mi esposa y mírame a mí porque esta noche, vas a tener su panochita y también mi verga”. Luego de algunos minutos, él me tomó mi mano libre y se la llevó a su herramienta; créanme que quise negarme pero no pude y acabé apretándosela rico y subiendo y bajando mi mano.
Era una dulzura todo aquello, con ritmo lento, mirando a la mujer que se acariciaba tan rico, sin prisas, mirándonos a nosotros tres; imagínense, yo estaba con un pene en cada mano y enrojecida de calentura. Luego, mi esposo se acercó para besarme en la boca y mordiéndome suavemente los labios, entonces me preguntó “¿qué haces con la otra mano?”, le contesté “ya lo sabes, mi amor, lo acaricio a él también” y me cuestionó “¿te gusta tener otra verga, aparte de la de tu marido?” y respondí “sí”, escuetamente y seguí masturbándolos a ambos.
En eso, la chica se levantó, se quitó toda la ropa y se acercó a nosotros, hincándose frente a mí, sin tocarme, sólo estando muy cerca, ahora su esposo dijo en voz alta “mira qué caliente la has puesto, no sabes qué chaqueta tan rica nos está haciendo a los dos”. Yo no soltaba ninguno de los dos penes y sentir a la mujer tan cerca de mí, era un elemento más de calentura.
Pasados unos instantes, dijo el esposo “de seguro quiere que le mames los pechos, ¿verdad que sí?” y mi voz salió como si fuera para mí, la de una desconocida, diciendo “sí, sí quiero”. Rápidamente, él tomó mi seno izquierdo con una de sus manos y con la otra, me acarició el derecho y pronto su lengua llegó a mi pezón, luego su boca toda empezó a succionármelo y yo, a gemir aferrada a los dos penes y entregada a ella que al poco tiempo empezó a bajar la cabeza, recorriéndome el abdomen con su lengua.
Ya que la esposa llegó a mi entrepierna, su marido me preguntó, en voz alta “¿quieres que te la chupe mi mujer?” y nuevamente, mi otra voz volvió a responder afirmativamente, entonces ella me pidió “dime qué quieres que te haga” y oí que dijo mi esposo “dile, Brenda”. Ya no pude más y con el lenguaje más pelado que pude, se lo dije “quiero que me mames toda mi panocha hasta que yo les saque la lechita a ellos, chúpame, así, así, el clítoris, así, así, uyyy, qué rico lo haces, máááás, máááás”; ese fue mi primer orgasmo y me vine en la boca de mi nueva amiga.
Minutos después, José Luis se vino en mi mano y al poco tiempo, lo hizo mi amigo, los dos casi gritaban, fue una delicia. Poco después, ellos volvieron a sus asientos y pasada media hora, ella se montó sobre su marido, dándole la espalda y mirándome a mí. Como ella lo había hecho antes, yo la imité y me subí sobre mi marido, así las dos los cabalgábamos diciendo leperadas eróticas que jamás imaginé que yo podría decir, al tiempo que ambas nos mirábamos con una complicidad única hasta que volvimos a venirnos todos.
Desde entonces, José Luis y yo hacemos el amor a diario y de una manera apasionada, como nunca antes, las cosas han mejorado muchísimo y además, estamos muy enamorados porque de este jueves en ocho días, nos encontraremos con la misma pareja en el mismo club. Esa será nuestra nueva historia.
Brenda
Abril 21, 2009 a las 4:46 pm
Mi nombre es Alicia, soy morena, delgada, mido 1.72 m, de talla 5, mi busto es talla 36B, soy casada, tengo 39 años y esta es mi historia. Sucede que después de cinco años de casada, las cosas con mi esposo no caminan muy bien, en la cama ya no hay casi nada pero mi educación me impide serle infiel, aunque sé que él sí me pone el cuerno.
Hace unos dos meses, descubrí que mi marido, en uno de sus supuestos viajes de trabajo, tenía planeado irse con su amante de fin de semana, lo descubrí por un recado que ella le mandó a su teléfono celular, un recado más que amoroso, era un jueves y yo caí en total depresión pero no le dije algo y al final, él se fue a su viaje.
Tengo una muy buena amiga, Lorena, es mayor que yo, tiene 45 años y ella sí es muy libre, es guapa, también morena y de buen cuerpo y al medio día, ella me habló y yo le conté lo que pasaba, se lo conté llorando y además, le relaté mi situación de carencia sexual desde hacía muchos meses. Enseguida, ella me invitó a salir esa misma noche y aunque me negué varias veces, acabó por convencerme, iríamos con su amante, un señor casado, muy divertido y guapo, a un lugar pecaminoso para ver si así yo me despabilaba y me quitaba de tristezas.
Pasaron por mí después de la nueve de la noche, nos tomamos algunas copas en mi casa y luego partimos a un club swinger, enseguida le pregunté “¿qué es eso?”, Gustavo me respondió “es un lugar de sexo que te va a gustar”; el amante de mi amiga es un hombre muy guapo y agradable, respetuoso y de una conversación muy inteligente.
Debido a que me habían achispado un poco los tragos, yo no me negué y poco antes de la media noche, estábamos entrando a ese lugar “swinger”; la verdad, me pareció como un antro común y corriente al principio pero luego me fui fijando más y noté que las mujeres iban vestidas muy provocativamente. Yo estaba contenta y los tres bailábamos sin parar, entre las otras parejas, todas muy respetuosas conmigo, que era la única mujer que iba sola.
Las cosas empezaron a cambiar cuando hicimos una pausa en el baile, entonces nos sentamos a nuestra mesa, que estaba en un rincón, en penumbra, estábamos sudorosos y felices y hasta me había olvidado del imbécil de mi marido. Todo cambió porque Lorena dejó de hablar y de bromear y se enlazó con Gustavo en un beso larguísimo mientras yo miraba hacia todos lados pero en realidad, miraba a mis amigos.
Ella le acariciaba el pecho y él la cintura y no rompían el beso, luego vino otro y así empezaron los gemido de Lorena y después, las palabras de él, que las decía en voz alta “¡qué rica estás, Lore, qué cachonda eres!” y otro beso. Luego, la mano de Gustavo acariciándole el pecho de mi amiga y yo ahí, junto a ellos, ya excitada de verlos y de oírlos; al mismo tiempo, vi que otras parejas hacían lo mismo en otras mesas, muchas estaban fajando abiertamente y ya casi ninguna bailaba.
Luego anunciaron a los strippers, primero salió un joven muy fuerte que bailó y se desnudó, tenía un pene muy grande mientras mis amigos seguían fajando, luego pasó una chica a la pista y se encueró, después los dos pasaron a las mesas para que los acariciaran. Yo no sabía ni a dónde mirar y me sentía muy excitada pero los bailarines ya no llegaron a nuestra mesa porque estaba en el rincón más alejado y se pusieron a hacer el amor en una cama que pusieron en la pista.
Gustavo y Lore seguían y yo nada más me movía en mi asiento hasta que él propuso que nos fuéramos al cuarto oscuro, enseguida yo tragué saliva y les dije que mejor fueran ellos y yo los esperaría, ya me imaginaba lo que sucedería en el cuarto oscuro pero Gustavo no hizo caso a mi negativa, así que se paró y me jaló. Los tres entramos a aquel cuarto, que era amplio y donde había algunas parejas ya, nos sentamos también en un lugar muy apartado, las parejas estaban más a la entrada y nosotros al fondo.
En cuanto nos sentamos en el asiento corrido que tenía cojines pegados a la pared, Lorena y Gustavo volvieron a lo suyo, con unos besotes y sus manos subiendo y bajando. Casi a la entrada, una chica hincada le hacía sexo oral, primero a su pareja y luego a otro tipo, era toda una locura y yo no sabía si quería salir corriendo o esperarme hasta que mis amigos se satisfacieran por completo, dado que él ya tenía una mano metida en los pechos de Lore.
Siguieron tocándose hasta que mi amiga pareció recordar que yo estaba a su lado, entonces paró un poco y me dijo “préstame tu manita, Alice”, enseguida tomó mi mano con la suya y la llevó hasta el pene de su galán y aunque yo la quité, ella insistió diciéndome “anda, sé que te va a gustar y, además, no dejarás que tu marido sea el único que disfrute allá lejos, con su amante”. Yo tragué saliva otra vez cuando me puso la mano en los muslos de Gustavo, quien me dijo “tócame la verga mamita, me tienes caliente desde que te vi”.
Al instante, Lore puso su mano encima de la mía y la empezó a mover hasta que llegamos al pene de Gustavo y entre las dos, comenzamos a acariciarle aquel instrumento sobre el pantalón, pues yo estaba muy excitada, tocándolo y me había abandonado a esa caricia. Luego de unos instantes, Lorena le preguntó a Gustavo “Alice es muy cachonda, ¿verdad, mi amor?” y él respondió que no sólo cachonda, sino que debería ser súper caliente.
Después, ellos volvieron a besarse mientras yo le acariciaba su pene pero luego llegó una nueva sorpresa, pareciera que esa noche fuera la de las sorpresas porque Lore quitó mi mano del pene de su pareja y la llevó a su busto, pues su blusa estaba desabrochada. Yo reaccioné y forcejeé un poco pero ella insistió y hasta se sacó uno de sus pechos del brasiere, entonces le dije “no, Lorena, eso no” y ella me contestó “anda, Alice, estoy muy caliente y quiero también las caricias de una mujer”.
Yo sentí su seno con el pezón bien parado y la verdad, no me disgustó, aunque nunca antes lo hubiera hecho, además de que mi amiga suspiraba con mi caricia mientras que Gustavo se quitaba el pantalón y el calzón. Enseguida vi que la tenía muy parada, todavía con mi manita en los pechos de Lorena hasta que ella me la quitó de ahí y me pidió “hazle una chaqueta, Alice, mira qué rico lo tiene”; aquellas palabras léperas me estaban excitando todavía más y ya no me lo dijo dos veces, rápidamente tomé su pene y empecé a subir y bajar la mano, era un delicia.
Al momento, Lorena se acercó a mí diciéndome “así, mastúrbalo rico, así Alice, ¿verdad que está bien bueno?” pero yo no le contesté y seguí con mi tarea, entonces me preguntó “¿qué te gusta más, su verga o mis tetas, Alice?” pero ni siquiera me dejó responder porque se acercó a mi cara y empezó a besarme tiernamente los pómulos y las mejillas hasta que nuestras bocas se encontraron. Ese fue un beso tierno al que siguieron otros mientras yo apretaba la herramienta de Gustavo, que también empezó a mover la cintura.
En poco tiempo, ella retiró mi mano del pene y la puso en sus muslos, entonces Gustavo se puso de pie y fue a sentarse de mi lado, así que yo quedé en medio de los dos, por lo que empezaron a acariciarme los pechos sobre la blusa, que al poco tiempo me quitaron. Después él me desabrochó mi brasiere y ya con los senos al aire, me los empezaron a besar y a chupar, ella el del lado izquierdo y él, el del lado derecho y ya sin que nadie me lo pidiera, una de mis manos volvió al pene que tanto me estaba gustado y comencé el sube y baja.
Yo tenía unas ganas locas de seguir así pero mi otra mano, que estaba en el muslo de mi amiga, fue tomada por la de Lorena y me la fue subiendo, ya se había arremangado la falda y en poco tiempo, yo ya estaba rozando su tanga. Al sentirla tan cerca, ella me indicó “te van a gustar mucho también las panochitas, luego de que pruebes la mía” y abrió las piernas.
Mientras ella misma se despojaba de la tanga roja y transparente que vestía, me dijo “mira qué rica la tengo, bien velludita y mojada”, enseguida yo bajé la vista viendo ese triángulo negro y ya no pude más, entonces mis dedos recorrieron sus labios mayores y luego encontraron su clítoris, que era muy grande, mucho más grande que el mío. Con las yemas de mis dedos índice y anular, le empecé a dar un masaje, luego los bajé y sentí todos sus líquidos, entonces ella volvió a tomar mi mano y me llevó a meterle los dedos, susurrándome “cógeme, Alice, cógeme toda con tus dedos” y Gustavo completó “sí, mamita, cógete a mi chava, está pidiéndotelo, cógetela”.
A continuación, mis dedos comenzaron a entrar y a salir, no sabía cómo acompasar el ritmo de ambas manos, pues con una acariciaba a Lorena y con la otra, masturbaba a Gustavo pero en minutos, me acomodé de maravilla y podía hacer las dos cosas sin problema. En eso estaba cuando sentí que Gustavo empezó a abrirme las piernas con su mano, luego me la metió entre ellas y pronto llegó a mi cosita, que ya estaba chorreando y ahora, él me metió un dedo, luego dos y hasta tres, eso era el paraíso.
En un momento dado, yo levanté la vista y me encontré con que varias parejas nos estaban mirando, eso me corté un poco pero al notarlo, mis amigos se levantaron y me llevaron hacia un lugar más vacío en ese momento. Era una cama muy grande en donde solo había otra pareja, en donde ella tenía las piernas muy abiertas, recibiendo una masturbación frenética de su pareja, enseguida nos colamos en la otra orilla y ahora nos desnudamos los tres completamente.
Ya así, volvieron los besos y las caricias, yo estaba en la gloria mientras Lore me preguntaba entre un beso y otro “¿quieres cogértelo ya, Alice?, ¿quieres probar su verga, que te la meta todita?”, entonces le respondí “sí, Lore, ya quiero que me la meta” y ella me comentó “está bien pero antes, te voy a preparar un poco”. Acto seguido, mientras Gustavo pasó a besarme y a chuparme mis pezones, ella se bajó y llevó su cara entre mis piernas, ahí me las encogió, me las abrió y comenzó a succionarme suavemente el clítoris con su boca, era la mejor caricia que yo había recibido en mi vida.
Luego, su lengua empezó a recorrer todo mi sexo mientras yo masturbaba a Gustavo y él seguía prendido de mis pechos. Cuando ella me metió su lengua, me vine de inmediato entre grandes gemidos y después de hacerme venir, ella se retiró, se acostó a mi lado y me besó, diciéndome “prueba qué rico sabe tu venida, tus jugos, Alice” y yo le respondí el beso de manera desesperada, por lo que mi orgasmo no se detuvo ni un momento, para seguir queriendo más.
Así pues, continuamos tocándonos todo hasta que ya desesperada, busqué el pene de Gustavo para introducírmelo, incluso lo jalé para que se subiera a mí, entonces él me señaló “sí, mamacita, ya te lo voy a meter pero dime que quieres que te meta mi verga”. De inmediato, le respondí diciéndole “sí, Gustavo, méteme tu verga, tu verga gruesa y grandota para mí, hace tanto que no siento una verga adentro, métemela ya”.
Nuevamente, yo lo jalé hacia mí, lo tomé de las nalgas y así me la fue metiendo poco a poco, también me la movía en círculos y así, me volvía loca mientras ahora era Lore la que me succionaba los pechos. No tardé más que unos minutos para tener mi segundo orgasmo, que fue más agitado que el anterior pero al igual que la vez pasada, me recuperé en cosa de segundos, en especial cuando él empezó a metérmelo y a sacármelo, ahora más rápido y con más fuerza.
Volví a tomar el ritmo calenturiento y gemía sin parar, pidiéndole más “así Gustavo, así, mi amor, clávame toda, no pares de cogerme nunca, ayyyyyy, qué rico me lo hacen, hhummmm”, además de que me encantaba decir groserías mientras lo hacíamos, como “cógete a esta mujer caliente, cógeme como nunca sabría hacerlo mi hombre, cójanme ustedes dos, asíííí, ayyy, así”.
Yo estaba fuera de mí, sintiendo cada milímetro de aquel pene cuando Lore se separó de mí y en una rápida maniobra, hincada y con las piernas bien abiertas, se colocó sobre mi cabeza, enseguida su galán extendió sus manos para acariciarle los pechos, sin dejar de moverse en mi interior. Luego, ella bajó la cadera hasta que mi boca, mis labios y mi lengua empezaron a besar aquel sexo velludito, que estaba ahora todavía más mojado que antes, incluso se acomodó bien sobre mi cara y así, yo le chupaba su clítoris y luego le metía y le sacaba la lengua sin parar, era el éxtasis total.
Mientras yo hacía todo eso, él me decía “así, mamita, cómete la panocha de mi mujer” y ella añadía “lo hace delicioso, me chupa muy rico, me está llevando al cielo, ayyy, sigue Alice, cógeme con tu boca, ayyyy, más, máááás” hasta que se vino en mi boca, casi gritando “asííííí, Alice, cómeme toda, tómate mis jugos, assssíííí, Alice”. Al fin, ella se vino moviéndose como loquita y acto seguido, yo lo hice saboreando los líquidos de mi amigo.
Finalmente paramos y Gustavo se bajó de mí pero él no se había venido, todavía la tenía bien parada, entonces nos dimos cuenta que la pareja que estaba en la cama ya estaba muy cerca de nosotros y la chica no tardó nada en colocarse de tal manera que empezó a chuparle el pene a Gustavo y en cosa de un minuto, lo hizo venirse en su boca. Después de todo eso, los tres nos vestimos, volvimos a la mesa y nos tomamos una última copa.
Ahora, cada vez que mi marido se va de viaje con su amante en turno, yo me voy con mis amigos y la pasamos de maravilla, entre nosotros y también con otras parejas.
Alicia
Abril 21, 2009 a las 4:50 pm
Mi esposo y yo entramos a trabajar a una agencia de viajes, yo en el aspecto financiero y él en el de promoción. Yo me llamo Liliana, tengo 39 años y Rolando es un año menor que yo, estoy muy bien para mi edad, me encantan mis piernas y mis pechos grandes, también mi rostro; por su parte, mi marido es muy serio y tímido pero tiene cuerpo de atleta porque juega básquet, tenemos un hijo de 11 años y nuestra situación económica era más que mala antes de haber entrado los dos a ese trabajo. Por eso estábamos felices de tener una entrada segura, para poder pagar renta, colegiatura y todo lo demás.
El dueño de la agencia es el licenciado Pedroza, un hombre de muy mal carácter, como de 50 años, bien conservado pero con una cara de malo que no puede con ella, aunque más mala es su amante, una señora también cincuentona que trae a todos los empleados por la calle de la amargura. Ella, la señora Mireles, es bonita aunque medio pasada de peso y entre los dos, llevan la agencia como un relojito, ya que el negocio les proporciona súper buenas ganancias.
Llevábamos ya seis meses trabajando en la agencia hasta que sucedió lo de nuestra equivocación con un trámite; sin querer, por distracción, mi marido y yo pagamos a un proveedor unas facturas que no debíamos, pues ni siquiera nos dio recibo. Entre tantas otras facturas, nos equivocamos y pagamos lo que no debíamos, eran cerca de 300 mil pesos.
Yo misma tuve que ir a avisarle a la señora Mireles, quien se puso furiosa porque ya traía problemas con ese proveedor que nunca le regresaría lo entregado, incluso me gritó, me trató pésimo y yo salí de su despacho hecha un guiñapo, pues sabía que nos correría y eso me aterraba.
Esa tarde, la señora me llamó a mi extensión y me dijo que ella y el licenciado Pedroza nos esperaban, a Rolando y a mí, en el bar de un hotel de lujo ubicado en Paseo de la Reforma esa misma noche, para tratar de resolver la situación. Mi esposo y yo llegamos súper puntales, íbamos más que nerviosos y ellos llegaron muy tarde, casi nos hicieron esperar una hora. El trato de la señora Mireles fue muy déspota y hasta grosero pero no dejó de pedir una botella, sabíamos bien que a la pareja le gustaba mucho beber.
Para aminorar el impacto de los malos tratos, mi marido y yo bebimos con ellos al parejo y pasada la media noche, ya que la señora parecía haber saciado todo su coraje, intervino el licenciado diciéndonos “supongo que ustedes desean conservar su trabajo, ¿verdad?”, enseguida yo le respondí “claro que sí, licenciado, podemos pagar poco a poco descontándonos de nuestro salario mensual”. Entonces, él me aclaró sonriéndome “bueno, yo no estaba pensando en eso”, a lo que Rolando preguntó “¿entonces?”.
Al momento, la señora comentó “podemos perdonarles esos pagos y además, mantenerlos en sus puestos si esta noche aceptan hacer todo lo que les digamos, sin chistar”; de inmediato, Rolando y yos nos miramos sorprendidos y yo le pregunté “y ¿como qué tendríamos que hacer?”. Se hizo un largo silencio en la mesa, luego el licenciado Pedroza me dijo directamente “Liliana, tú estás muy buena y estoy seguro que debes ser muy cachonda, así que…”.
Rápidamente, mi marido se paró con los puños cerrados dispuesto a agredir al licenciado pero la señora Mireles se paró frente a Rolando y le dijo “no seas idiota, que no harán nada que no quieren hacer esta noche” y agregó “los llevaremos a un lugar que conocemos, ahí pasará sólo lo que ustedes y su calentura deseen”. Al instante, yo tomé de la mano a mi marido y lo volví a sentar, entonces el abogado aclaró “sólo soy sincero, tu mujer tiene un cuerpo muy rico y le gusta a cualquiera” y añadió “la señora Mireles, que como habrán oído, es mi pareja, también tiene lo suyo y yo no me enojo si tú se lo dices”.
Luego, él cuestionó a mi marido “¿no te gustan esas tetas tan sabrosas que tiene?, Rolando”, mi marido no supo qué contestar, menos aún cuando la señora sacó el pecho y se desabrochó uno de los botones de la blusa; en ese instante, volvimos a tomar de nuestras copas, nosotros más que sacados de onda. Al poco rato, el abogado pareció cansarse y dijo “bueno, el tiempo se acaba, ¿van con nosotros al club swinger o se quedan sin trabajo?”, enseguida la señora Mireles completó “es sólo ir al club esta noche pero si no les gustamos nosotros, nada tienen que hacer a fuerzas, aunque yo creo que a Rolando si le gustan mis pechos, ¿o no?”.
Como respuesta, yo solo les respondí “no vamos y ya veremos qué hacer”, enseguida ellos pidieron la cuenta y antes de irse, nos dieron la dirección del lugar, por si cambiábamos de opinión. Ya cuando íbamos camino a la casa, Rolando manejaba muy serio y atribulado hasta que se atrevió a hablar diciéndome “y si vamos aunque sea un rato, ya ves que dijeron que no nos obligarían a nada” pero enojada y de pronto celosa, le respondí “lo que pasa es que te gustaron los pechos de la señora” y él me aclaró “no es eso mujer pero no tendremos para pagar la colegiatura del mes entrante”.
Yo me quedé meditando y sin saber cómo, llegó a mi cabeza la idea de que el licenciado no era nada feo pero la borré de inmediato de mi mente e insistí en que no iríamos. Poco antes de llegar a nuestra casa, pensé en lo que volvería a ser nuestra situación económica y casi en un susurro, le dije a Rolando “esta bien, vamos”.
Llegamos allá cerca de la una de la mañana, entramos todos mosqueados, luego nos revisaron y nos cobraron el cover. Cuando ingresamos, vimos que había una pista de baile y muchas mesas en penumbra, así que hasta nuestros ojos se acostumbraron a la luz. En una mesa del fondo, al fin localizamos a nuestros jefes y al vernos, el licenciado se paró y acercó dos sillas de inmediato mientras en la pista, muchas parejas bailaban y además, había videos eróticos en varias televisiones.
En cuanto llegamos hasta su mesa, el grosero del abogado volvió con sus cosas, diciéndome “de seguro te ganó la calentura Liliana porque seguro fuiste tú la que decidiste venir”; yo no respondí y ahora Rolando no dijo algo. Cuando nos sentamos a la mesa, las dos mujeres quedamos juntas y el abogado a mi lado y Rolando al lado de la señora. Noté que mi jefa se había cambiado, llevaba una mini matadora de color azul, sin medias y una blusa casi transparente; para decir la verdad, se veía muy atractiva, o muy prosti, no sé cómo decirlo.
Luego, el abogado nos sirvió nuestras copas al momento que salieron los strippers y empezaron a bailar, yo estaba muy asustada y Rolando muy serio pero algún efecto debió provocarle la chica que se desnudó y que tenía un cuerpo blanco muy bien formado. Después del show, los strippers, hombres y mujeres, pasaban por todas las mesas para que los clientes del lugar los acariciaran y tanto el licenciado como la señora los acariciaron, ella de manera más intensa al stripper hombre, que tenía un pene de gigante.
Cuando los strippers, dos chicos y una chica, volvieron a la pista para hacer el amor enfrente de todos, la señora Mireles me dijo “yo sí te confieso que estoy bien caliente, ¿tu?”, le contesté “no señora, todo esto no es para mí, venimos sólo por no perder el trabajo”. Entonces, ella me señaló “pues tu marido no parece pensar igual, la tiene bien parada” y me señaló para que mirara; al mismo tiempo, la mano de la señora estaba acariciando el pene de Rolando sobre el pantalón, luego le bajó el cierre, se lo sacó y comenzó a masturbarlo.
Sufrí una descarga de celos y de coraje pero en ese instante, el abogado se puso de pie comentándonos “los esperamos en el cuarto oscuro, es al fondo del pasillo, ahí verán a todas las parejas cogiendo, no tengo la menor duda de que ustedes lo están deseando también”. De inmediato, yo le respondí “no iremos, ya cumplimos” pero como respuesta, el abogado se agachó, se acercó a mí y jalándome de la nuca, me plantó un beso que yo no esperaba, fue un beso muy rápido pero me alcanzó a meter la lengua.
A continuación, la pareja se fue y yo me quedé con mi coraje, tanto por ese beso, como por que mi marido no hubiera hecho algo pero sobre todo, por verlo ahí, con el pene de fuera y le reclamé “eres un imbécil, ¿cómo te atreves a dejar que esa mujer te toque y más, enfrente de mi?”. Él me contestó “perdona pero me ganó la calentura” y yo añadí “ya vámonos, tarado” pero Rolando me comentó “espera un momento, todo esto debe tenerte a ti aunque sea un poco excitada” pero yo exclamé “estás loco, yo soy una mujer respetable y no me presto a estas perversiones”.
De improviso, Rolando se acercó a mí y tomó mi mano, aunque forcejeamos tantito pero al final, pudo ponérsela en su pene; yo pensé que estaba bien, que lo masturbaría y nos íbamos, así que comencé a hacerlo mientras él gemía. Inclusive, él me metió su mano entre la blusa e inició la caricia que tanto me gusta en los pezones hasta que le dije “ya vámonos, Rolando” pero nuevamente, él me propuso “sólo vamos a ver lo que pasa en el cuarto oscuro, así cumplimos con nuestros jefes y ya nos largamos”.
Finalmente, yo acepté, entonces nos acomodamos las ropas y seguimos hasta el final del pasillo, llegamos al cuarto, entramos y nos sentamos casi a la entrada, en unos sillones como corridos, sin división y sin antebrazos. Poco a poco, la vista se fue amoldando a esa oscuridad todavía mayor a la de afuera, además de que se oían gemidos y hasta gritos de placer; para entonces, más de veinte parejas estaban en aquel lugar, ya casi todas desnudas.
Ahí veíamos a mujeres haciendo sexo oral, hombres dejándose cabalgar, chicas penetradas desde atrás, era Sodoma y Gomorra y yo no sabía qué hacer, me sentía molesta pero al mismo tiempo, debo reconocerlo, excitada frente a ese tremendo espectáculo. Justo enfrente de nosotros, dos mujeres se besaban y se acariciaban mientras sus esposos las veían y les decían cosas groseras, nunca había visto a dos chicas hacerlo.
Con el paso de los minutos, Rolando pareció no aguantar más, entonces se quitó el pantalón y el calzón y se comenzó a masturbar mientras yo no me atrevía a decirle algo, solo apretaba mis piernas como si fuera una caricia a mi vagina. Pasaron los minutos, las escenas eran cada vez más atrevidas entre las parejas, había en la esquina un grupo de cuatro parejas en la que ellas recibían erótica atención, ya de uno u otro hombre o de ellas mismas y parecían morir de placer.
Como no queriendo la cosa, acerqué mi mano a los testículos de Rolando y se los empecé a acariciar, luego tomé su pene y subía mi mano y la bajaba en una masturbación muy rica, después empecé a besar a mi marido sin soltarle su herramienta. En unos instantes, yo comencé a jadear y él, a tocarme los pechos, luego me quitó la blusa y el brasiere y se dio a la tarea de chuparme los pechos.
Pasados unos minutos, él me subió la falda y me abrió las piernas; en eso estábamos cuando frente a nosotros, oí la odiosa voz de la señora Mireles, enseguida volteamos a verla y vimos que ya estaba desnuda. Al instante, ella nos señaló “¿no que no tronabas, pistolita?” y sonrió agregando “mira qué caliente te encuentro y yo no me quedo atrás”; yo no podía negarlo, era evidente mi excitación.
Al poco rato, ella se hincó y sin decir más, sustituyó mi mano en el pene de Rolando con su propia mano y luego, con su boca; así, ella se lo empezó a chupar muy rico y yo debí aceptar que verla hacerlo me excitaba pero eso no fue todo, ya que al mismo tiempo, la mano de la señora empezó a subir por mi rodilla. Yo la detuve una vez, dos veces pero a la tercera, la dejé subir y en cosa de segundos, ya estaba en mis muslos y luego, acariciándome sobre mi tanga empapada, así que se la chupaba a mi marido y me masturbaba a mí.
En esa posición, ella me metió los dedos, primero uno, luego dos y hasta tres, con lo que yo comencé a moverme como si sus dedos fueran un pene hasta que ya estaba a punto de venirme, entonces oí la voz odiosa del licenciado. En unos instantes, él llegó y se sentó junto a mí, ya desnudo y preguntándome “¿te gusta así, putita?”, yo no contesté pero hasta coraje me dio cuando su amante me sacó los dedos sin que yo me viniera y lo escuché decir “¿ya estás lista para que te coja, putita?, mi verga está lista”.
Al momento, la señora Mireles se puso de pie mientras me cuestionaba “¿quieres que tu jefe te la meta, Liliana?”, a lo que yo contesté con una voz mía que yo misma no reconocí “sí, quiero que me coja”. Al escucharme, el licenciado señaló “muy bien, putita, te la voy a dejar ir toda pero antes acaríciale la panochita a tu jefa”, a lo que respondí de inmediato “no” pero la señora se paró frente a mí, con las piernas abiertas, ya olía toda a sexo y me señaló su sexo con mucho vello, como diciéndome “estoy esperando”.
Yo jamás había tocado a una mujer y con alguna rudeza, el licenciado tomó mi mano y la llevó hasta la vagina de su pareja; debo reconocer que me excité como nunca al sentir lo mojada que estaba mientras ella me pedía “méteme los dedos como yo te lo hice a ti”. Yo sólo tarde unos segundos en obedecerla y se los fui metiendo en aquel pequeño lago mientras ella jadeaba, luego mi marido decidió participar también y le empezó a chupar los senos.
Así estuvimos un rato largo hasta que ella comentó “ya quiero una verga”, por lo que retiró mi mano y se montó en Rolando, diciéndome “¡qué rico pito el de tu marido, Liliana!”; en ese instante, noté que algunas parejas nos miraban. Acto seguido, el licenciado me dijo “ahora mámale los pechos, la vuelve loca que se los chupe una putita mientras se la cogen”; no sé por qué pero las palabras peladas del licenciado hacían un tremendo efecto en mi, me estaban volviendo loca junto con todo lo demás.
Procedí a chupárselos y oí como ella me decía “muérdemelos un poquito”, así que lo hice durante un rato y hubiera seguido ahí mucho tiempo más pero el licenciado me jaló, me puso de pie de mala manera y él también se levantó, luego me volteó hacia la pared y él se puso atrás de mí. En esa posición, él me levantó una pierna y me la puso sobre el sillón, así me la fue metiendo poco a poco, enseguida noté que no era tan grande pero sí súper gruesa, lo que me excitaba más.
Con todo eso, yo estaba en el paraíso, mis manos estaban sobre la pared pero ya en el colmo de mi lujuria, haciendo una pequeña contorsión y tomé la mano de Rolando, quien seguía siendo cabalgado por la Mireles y me la llevé hasta mi clítoris. De esa manera, la caricia de mi marido en mi botoncito, el pene del licenciado bombeando de lo más sabroso y las palabras de la señora diciéndome groserías, estaban a punto de llevarme al orgasmo más maravilloso.
Eso ocurrió en el momento en la que señora dijo, casi gritando “miren a la que no quería, está cogiendo como una desquiciada, le va romper la verga a mi marido” y el licenciado me pedía “así, puita, así”. En efecto, yo me estaba moviendo como una loca enferma de lujuria hasta que al fin, segundos antes de venirme a chorros, yo misma dije “sí, tu putita se está viniendo, así, ayyyyyyy, jefecito, dame más duro, asshhh, aggggghhh” hasta que me vine y segundos después, lo hizo el abogado con grandes espasmos.
Luego de unos instantes, él me lo sacó y creí que todo había terminado pero en ese momento, el abogado le pidió a la señora Mireles que se bajara del pene de mi marido, lo que ella obedeció todavía sin venirse, luego nos llevó a los tres hacia un lugar más oscuro, donde casi no había parejas. Ya ahí, le ordenó a Rolando “mámale la panocha a tu mujer y la limpias de mi semen, te lo tragas todo y tendrás trabajo de por vida con nosotros”.
Enseguida, Rolando me acostó en ese nuevo sillón y fuera de sí de lujuria, se acostó de lado, junto a mí, a la altura de mi vagina tan dilatada y palpitante, ahí me abrió mi sexo con sus dedos y me lamió primero el clítoris y luego fue bajando. Luego, la Mireles se lo empezó a chupar poniéndose acostada de lado y el licenciado se lo metía a su pareja desde atrás; nunca hubiera imaginado que Rolando estuviera saboreando el semen del abogado pero lo estaba haciendo, yo lo sentía allá abajo.
Saber que mi marido estaba comiéndose el semen de un tipo que tan mal me había tratado esa noche, me volvió a calentar, tanto como lo estaba antes y no tardé en venirme; lo mismo sucedió con Rolando en la boca de la señora, aunque no sé si el licenciado lo haría por segunda vez. Al final, los cuatro nos acostamos en aquel sillón corrido para reposar y nos fuimos vistiendo poco a poco; para entonces, el abogado ya no era duro y grosero, sino comedido y hasta tierno, diciendo “algunas mujeres se excitan con la rudeza, creo que es tu caso, Liliana pero perdóname si se me pasó la mano, tuve que hacerlo para que te calentaras”.
Finalmente, los cuatro salimos del club y hasta ahora, seguimos en nuestro trabajo, a veces vamos al club los cuatro juntos pero ahora ya nosotros vamos por placer; también vamos solos Rolando y yo. Así fue como nos iniciamos en el mundo swinger, al que pertenecemos y en el que hemos tenido experiencias eróticas de primera.
Abril 21, 2009 a las 4:57 pm
Nací hace 25 años en Lagos de Moreno, Jalisco, lugar en donde viví hasta hace unos meses que me trasladé a la ciudad de México. Me llamo Isabel pero me dicen Isa, no soy lo que se llama una chica muy guapa pero sí llamo mucho la atención, por el cuerpo que tengo, soy alta, de pechos grandes, pompas medio paraditas y lindas piernas; de cara soy regular y por mi estatura y mi buen cuerpo, los hombres me acosaron desde muy jovencita, allá en Lagos.
Aunque mi familia, en especial mi papá y mis hermanos, son muy celosos, a escondidas tuve algunos novios de manita sudada hasta que encontré a Fermín, quien me cautivó de inmediato, me enamoré profundamente de él y pronto tuve relaciones, aunque siempre con mucho miedo, me acosté con Fermín varias veces pero una vez que no me bajó en la fecha que me tocaba, le dije que estaba embarazada. Lo que hizo el muy miserable fue largarse al norte de inmediato, donde ya vivían varios de sus hermanos y no lo volví a ver.
Por fortuna, yo no estaba preñada, había sido sólo un largo retraso pero entré en una depresión total, caminaba como mensa en las calles de Lagos y en la escuela, ni oía ni hablaba. Tan mal me vieron en mi casa que me llevaron al doctor y este me mandó con un psicólogo, quien les informó a mis familiares que yo tenía una gran depresión y que mi autoestima estaba en grado cero.
Les recomendó que cambiara de aires, así fue como llegué a la ciudad de México, donde vive una prima de mi mamá. Ella le suplicó que me recibiera por seis meses y luego ya verían qué hacer, mi familia pagaría todos los gastos; la prima, de nombre Cristina, aceptó y además, le ofreció que me apuntaría en una escuela de idiomas. Cristina tiene 40 años y está casada con un hombre menor que ella, de apenas 36, se llama Marcos.
Llegué a su casa en la colonia Narvarte, un domingo por la tarde, todo el cariño que Cristina me había trasmitido por teléfono las veces que habíamos hablado por teléfono, se convirtió en rechazo. En cuanto Cristina me vio, el ceño se le frunció y me revisó de arriba abajo diciéndome “vaya con la niña, está súper desarrolladita”, luego me llevó a mi habitación de mala gana.
Durante la cena, conocí a Marcos, el marido, que fue muy caballeroso y atento, incluso me aseguró que todo iba a estar bien, que yo era muy bienvenida y que no me preocupara de nada, que ya me habían inscrito en la escuela y que a la mañana siguiente iniciarían mis clases. Así fue, entré a la escuela de idiomas que está en la Zona Rosa, el ambiente me gustó mucho y aunque yo me sentía muy provinciana y vestía muy anticuada, mis compañeros eran muy amables.
El problema se daba en la casa, donde Cristina me trataba muy mal, no sé si yo le provocaba celos, no tendría por qué, pues ella era una mujer mucho más guapa que yo, también alta, muy elegante, de senos grandes y no caídos, de piernas muy distinguidas. Yo no sabía por qué me trataba tan mal, en especial cuando estaba presente su marido, siempre tan atento conmigo.
Debo decir que yo me portaba de primera, declinaba las invitaciones de los compañeros, no salía con alguien, llegaba temprano a casa y ayudaba mucho con todo el quehacer, así que Cristina no tenía motivo de queja de mí pero seguía portándose agresiva conmigo. Para ser franca, tengo que reconocer que Marcos sí me gustaba, era tan cuidadoso conmigo, tan atento, un hombre súper guapo, muy varonil y con una personalidad muy atractiva, tan distinto a todos los chavos de mi clase.
Me gustaba estar en casa cuando él llegaba de trabajar, aunque sólo fuera para recibir su saludo y el besito que me daba muy cerca de los labios, si Cristina no nos veía; desde luego, yo pensaba que por nada me habría ido con él a ninguna parte, mis principios de entonces no me lo hubieran permitido. Algunos sábados había fiesta en casa, llegaban unas parejas, tres o cuatro en las que ellas se vestían súper provocativas, sólo las veía llegar porque luego Cristina me mandaba a mi cuarto y ellos se quedaban como hasta la media noche y después, se iban a no sé que lugar; “mis tíos”, así los llamaba yo a Cristina y Marcos, llegaban en esas ocasiones casi al amanecer.
Una vez, al volver ellos como a las cinco de la mañana, yo estaba despierta pero dejaron abierta la puerta de su habitación y alcancé a oír algunos retazos de su conversación, cuando ella le comentaba “ya sé que te gusta, Marcos pero entiende que es la hija de mi prima, no se puede, reconozco que está muy bien pero Isa no está hecha para nuestro mundo”. Enseguida, Marcos le dijo “nada perdemos con intentar” y después, ya sólo oí gemidos, en especial los de Cristina que me subieron la temperatura.
Por ello, yo empecé a masturbarme al ritmo que ellos fornicaban como locos, fue una delicia meterme los dedos en mi cosita mientras los oía, ella pedía más y más y yo me venía en mi propia mano imaginando que Marcos me penetraba a mí y no a su mujer.
En los días siguientes, las cosas empeoraron para mí, mi tía Cristina me acusó de estar coqueteando con su marido, obviamente yo lo negué pero ella no oía razones y acabó por decirme que era mejor que me fuera de su casa. Yo le rogué que me dejara, aunque fuera hasta terminar el curso; debo decir que lo único malo en México era el trato de Cristina porque por lo demás, me estaba yendo bien en la escuela y por ningún motivo quería regresar a Lagos.
Me puse a llorar a moco tendido delante de Cristina, quien quizás se conmovió y me dijo “está bien, puedes quedarte pero tendrás que hacer todo lo que yo te diga y ser muy sincera, ¿de acuerdo?”, le respondí “claro que sí, tía”, limpiándome las lágrimas. Al momento, ella me comentó “está bien, Isa, confiaré en ti y empezaré por hacerte dos preguntas”, entonces me cuestionó “¿te gusta Marcos?” y titubeante y de manera muy honesta, le contesté “es guapo, tía, sí me gusta pero es tu esposo, sólo lo veo como mi tío”.
Al instante, ella me preguntó “¿y yo, Isa, te resulto atractiva, te gusto yo también?”; esa pregunta me dejó helada pero respondí que sí y de inmediato, vi una gran sonrisa en su boca, enseguida me mandó a mi cuarto y a partir de los días siguientes, todo cambió; no crean que mi tía cambió su actitud, seguía siendo muy agresiva conmigo pero ya no hablaba de correrme. Una tarde llegó con varios paquetes, era ropa para ella y para mí, me regaló tres mini faldas, un par de blusas y ropa interior, prendas muy atrevidas para mi gusto pero que agradecí de manera sincera, inclusive, al probármelas a solas en mi cuarto, me excité.
Al día siguiente, al regresar de mi escuela, Cristina me dijo que esa noche saldríamos a cenar y luego a divertirnos los tres; sin embargo, yo titubeé diciéndole “pero mañana tengo examen, tía”. Enseguida Cristina me tomó de cabello y me lo jaló, no con mucha fuerza pero sí con mucha intención y me dijo “oye bien, Isa, quedamos que se iban a hacer las cosas como yo digo y esta noche te voy a enseñar a disfrutar como jamás lo habías imaginando”.
A continuación, ella me soltó el cabello y tomó mi mano diciéndome, ya en tono conciliador “yo no haría algo que te afectara, Isa, así que arréglate que esta noche quiero que estés muy cachonda para Marcos… y para mí”. Enseguida, ella me abrazó y me dio una serie de besitos en la mejilla diciéndome “te gustará, iremos a cenar rico y luego, a un lugar pecaminoso que te va a encantar”.
Durante toda la tarde, yo estuve dudando entre si hacer mi maleta y volver a Lagos o arreglarme como mi tía me había dicho pero las ganas de seguir en México, la curiosidad y la punzadita que me había dejado al decirme de arreglarme muy cachonda para gustarle a Marcos, pudieron más que la perspectiva de volver a mi tierra, con mis hermanos y mis padres. Así pues, me arreglé con la mini falda más corta, me recogí el cabello en una cola de caballo, me puse los únicos zapatos de tacón que tenía y ahí, sentada en mi cama, esperé a que llegara Marcos.
Fuimos los tres a un restaurante de ensueño, súper elegante, súper rico, sólo había visto uno así en películas. Cristina seguía siendo muy ruda conmigo pero Marcos me apapachaba mucho, me orientaba sobre los cubiertos que debía usar, me tomaba la mano, me platicaba cosas de su trabajo y me hacía sentir mujer mientras Cristina, muy seria, lo dejaba hacer. Yo me tomé tres copas de un vino delicioso, entonces, por debajo la mesa, sentí la mano de Marcos en mi pierna y la retiré de inmediato, él sólo sonrió.
Salimos del restaurante y nos fuimos a otro lugar, una especie de disco, yo tenía miedo de que mi tía montara en cólera con todas las atenciones que su marido me prodigaba. Minutos después de que llegamos, las parejas que bailaban en la pista se retiraron a sus mesas para dar paso a unos bailarines, dos chicos muy fuertes y una chava muy guapa, mismos que uno a uno, se fueron desnudando, cada cual en su turno y como estábamos cerca de la pista, pude ver el pene de los bailarines, por lo que inmediatamente una descarga de adrenalina me recorrió toda; el pene de uno de ellos era gigantesco y debo reconocer que me excitó de sólo verlo.
Yo estaba sentada entre Marcos y Cristina y en un momento dado, mi tío volvió a poner la mano en mi pierna pero yo volví a rechazarlo. Cuando los bailarines acabaron sus shows, mis tíos me llevaron a la parte superior de la disco, donde había otras mesas, ahí nos sentamos y ya empecé a ver cosas que me quitaban el aliento, las parejas se besaban, se tocaban, se metían mano por todas partes y luego, se paraban y entraban por una puerta.
Por tercera vez, Marcos quiso tocarme, esta vez los pechos pero yo volví a negarme y le quité la mano pero como seguía en medio de mis tíos, me acerqué al oído de Cristina y le dije “perdona tía pero no me gusta este lugar, no quiero estar aquí, vámonos a la casa y mañana me regreso a Lagos, como tú quieres y así ya no te doy problemas”. Sin embargo, ella me contestó “no vamos a ningún lado hasta que me confieses si alguna vez has imaginado el pene de mi marido, ¿alguna vez has fantaseado que te lo mete?”.
Otra vez, su tono agresivo me amedrentó y le dije la verdad “sólo una vez tía, cuando ustedes hicieron cosas y yo los oía en mi recámara”, entonces ella señaló “así me gusta, Isa, que me digas la verdad, entonces, antes de irnos, al menos vas a ver la verga de mi marido que ya debe estar bien parada porque le gustas horrores, casi tanto como a mí”. Enseguida, ella estiró su brazo y pasando sus manos por mis piernas, llegó hasta la bragueta de su esposo y con gran habilidad, le bajó el cierre y le metió la mano, a mí hasta el resuello se me fue y más cuando la tía le sacó el pene a su esposo.
Sin poder evitarlo, yo le miraba su herramienta, circuncidada, mucha más rica y gruesa que la de Fermín, mi ex novio de Lagos, al tiempo que la tía lo masturbaba y él gemía mientras yo estaba petrificada en medio de los dos. Al momento, yo le insistí “mejor vámonos, tía” pero ella me indicó “te esperas porque sé que te estás calentando Isa, mira la verga de tu tío, mírala” y acercó más su boca a mi oreja y comenzó a mordisqueármela.
Así ella continuaba diciéndome “te gusta mi marido Isa y también te gusta su vergota, te moja, te pone bien cachonda ¿o no?” y añadió “hoy lo vas a tener para ti, como lo habías soñado”; también, Cristina pasaba ahora su lengua por mi cuello y me lo chupaba. De inmediato, yo protesté “no, no, ya vámonos” pero como respuesta, ella tomó mi mano y la puso en el miembro de su marido, entonces yo no pude negarme, era tan rico el pedazo de carne de mi tío que empecé a mover mi mano como Cristina lo había hecho antes.
Al verme haciendo eso, ella me comentó “ya ves Isa, te calienta mucho mi marido, tanto como tú me calientas a mí”, luego me cuestionó “¿te ha tocado antes una mujer?, ¿no?, pues te va a encantar, te va a volver loca de calentura”. Enseguida, ella me separó las piernas y me metió su mano de manera decidida hasta estrujar mis muslos; mientras tanto, Marcos me quitaba la blusa y me bajaba el brasiere, para luego comenzar a chuparme el pezón con gran habilidad y con eso, yo empecé a subir al cielo.
Simultáneamente, mi tía me tocaba ya el clítoris sobre la tanga, para luego hacerla a un lado y de plano, meterme dos deditos en mi cuevita súper mojada. Yo no podía soltar el pene de Marcos que ahora me besaba en la boca, de la forma más tierna y más sabrosa que pueda existir, luego se retiró para volver a mis pechos y ella fue hacia mi boca comenzando a besarme de manera salvaje y mordiéndome los labios muy rico.
Algunas parejas miraban lo que estábamos haciendo y descubrí que me excitaba mucho que lo hicieran. Entonces, Cristina decidió que entráramos al cuarto aquel pero antes, se desvistió, desnudó a su marido y luego, hizo lo mismo conmigo, así que los tres entramos encuerados y nos acomodamos en aquella penumbra, en uno de los sillones corridos.
Cristina seguía hablándome sin dejar de acariciarme por todas partes, diciéndome “así que querías cogerte a mi esposo, ¿verdad, Isa?, pues te lo vas a coger pero antes, yo te voy a mamar tu panocha bien rico”. Comentando esto, ella se hincó frente a mí y me abrió mucho las piernas mientras Marcos, sentado junto a mí y con su miembro bien parado, me dijo “Cristi sabe chupar como un ángel, Isa, tu panochita la va a enloquecer”.
Por respuesta, yo volví a tomarle su enorme falo y continúe mi tarea masturbatoria pero ahora, sintiendo la lengua de Cristina moviéndose primero entre los pliegues de mis labios mayores, para luego encontrar mi clítoris y jugar con él con lengüetazos cortos y largos. Al fin, cuando yo me acomodé mejor, sentí aquella lengua metiéndose en mi cuevita, creo que hasta grité de placer “ayyyy, tío, ¡qué rico me lo hace tu mujer!”.
Yo estaba en éxtasis cuando un hombre mayor, muy alto, que al parecer conocía a mis tíos, se acercó junto con su señora, enseguida los dos se agacharon a acariciar a Cristina, por lo que ella se reacomodó y se sentó junto a mí, de frente a la pareja. Por su parte, la esposa del señor se sentó junto a ella y el tipo, con el pene parado, se puso un condón y se acomodó para meterle su instrumento de frente a mi tía.
Ella suspiraba pero no dejaba de hablarme, señalándome “¿te gustó la mamada que le di a tu panocha, Isa?, ¿si?, pues ahora te va a coger mi marido, te va a meter su verga, ¿la quieres ya, Isa?”, a lo que respondí “sí tía, ya la quiero dentro de mí”. Al momento, Marcos se puso el condón, luego se incorporó y me fue penetrando con total suavidad y ya sintiéndome fuera de mí, comencé a decirle “así, tío, méteme la verga, la deseo tanto, ayyyy, así, tío, más, más, toda”.
Después, Marcos comenzó a bombearme tan rico que no pasarían más de cuatro minutos cuando empecé a venirme a borbotones, en espasmos largos y a gritos “asíííííííí, tíoooo, cógeme, todaaaaa”. Al fin, yo me vine y Marcos se salió todavía con el pene bien grande, para con una seña, el hombre mayor se salió también de Cristina, luego, ella se puso de pie, el hombre se sentó en su lugar y la jaló para que ella se subiera a cabalgarlo.
Acto seguido, Marcos empezó a tocarle atrás a su mujer mientras ella cabalgaba al hombre, luego mi tío me dio a chupar sus dedos y así, se los metió en ella, después acercó su pene a mi boca y me pidió “llénalo de saliva Isa porque me voy a coger a tu tía por el culo”. Ni tarda ni perezosa, yo acaté la instrucción y se lo chupé muy rico, pues a pesar de que la cogida, me había dejado como un guiñapo, desguanzada de tanto placer.
Pasados algunos minutos, Marcos me lo sacó de mi boca y comenzó a metérselo por atrás a su mujer, enseguida Cristina reaccionó con unos gemidos que podrían oírse hasta Lagos de Moreno cuando lo sintió todo adentro. Por mi lado, yo metí una mano entre el señor y mi tía, para apretarle sus senos y pellizcarle sus pezones al tiempo que ella, con dos penes en su ser, parecía poseída y con mi otra mano, yo me tocaba mi propio clítoris.
Así, yo me vine al mismo tiempo que Cristina, quien emitía sonidos guturales de un placer mayúsculo, luego le siguieron los dos hombres con sus sendas venidas. Finalmente, Marcos le sacó el pene a su mujer, luego ella se bajó del señor que se retiró con su pareja hacia otro lado del cuarto oscuro, entonces Cristina me besó y así entre besos entre los tres, salimos a vestirnos poco a poco.
Hoy precisamente cumplo seis meses de estar en México y me mudé a un departamento que renté, es pequeño y muy modesto pero es mío, pues lo pago con un trabajo que conseguí en la propia escuela en la que estudio. Después de esa vez en el club, las cosas cambiaron con mi tía, aunque nunca ha dejado de ser agresiva conmigo pero acabé aceptándola y estuve de acuerdo en que los tres asistiríamos al club, una vez cada quince días; nunca lo hicimos en la casa los tres, solo en el club.
Así, yo me inicié en el ambiente swinger y créanme que no me arrepiento para nada, incluso tengo un novio swinger con quien me la paso de maravilla.
Isa
Abril 22, 2009 a las 5:07 pm
Hola:
Que buena onda de historias. Estan super, no me dejaron ni dormir. Hoy se las leo a mi chava, a ver que pasa.
Felicidades-
Fernando Rubí
Mayo 1, 2009 a las 12:11 am
Hola
Que barbaro que buenas historias, estan de concurso. Hasta estoy con ganas de enseñarselas a mi esposo y a la mejor le entramos a la onda swinger. La verdad si me excitaron. Somos de Gomez Palacio en Durango. Escriban mas chicas y chicos.
Maribel
Mayo 1, 2009 a las 4:29 pm
Apple:
Muy buena idea abrir una sección para opinar sobre los clubes swinger. Nosotros sólo hemos ido al desden, pero por lo que veo no es el mejor. Pasado este problema visitaremos otros.
Y también muy buena onda lo de las experiencias swingers en los clubs. Están super las que han mandado. Ojalá lleguen muchas más.
Alguien sabe si hay otro lugar en la red especializado en publicar historias ocurridas dentro de los clubes swinger?
La de aquí está a todo dar pero apenas tiene poquitas historias.
Un saludo y felicidades
Mayo 5, 2009 a las 4:51 pm
Hola.
Fuimos un miercoles al club de Pedro. Fue en diciembre y había bien poquitas parejas. Pero como que mas selectas que los otros días, mas guapas pues. Mi chava y yo estabamos con muchas ganas. Desde que llegamos nos cayó bien una pareja de Torreón que nos hizo platica.
Como no soy buen escritor, no puedo contar como las historias de aquí mismo. Solo les digo que esa noche mi novia tuvo su primer relacion con una mujer. La chava aquella la condujo muy sutilmente y mi noviecita se dejo hacer todo por ella. Fue una delicia verlas. Na da màs les digo que ella tuvo esa noche 5 orgasmos y yo tres. Alguien más a ido al club de pedro?
Felipe
Mayo 7, 2009 a las 4:25 pm
Hola:
Nosotros fuimos al Coliseum el año pasado y no hemos podido volver pero en cuanto podamos lo haremos. Fue un agasajo, solo vimos, pero lo que vimos resulto tan cachondo que todavía nos dura. Entramos y todo normal como en una disco. Pero luego llegaron los strippers y wooo, ya desnudos, hombre y mujer se carecaron a las mesas para que los toquetearan las parejas. Mi chava sólo le acarició el pecho y las nalgas, yo si me di vuelo con aquella guera nalgona.
Despues bajamos al cuarto oscuro y todo fue una orgia en la que se veía de todo, en especial, a nuestro lado dos parejas no dejaban nada a la imaginación. Ella esran bi y se chupaban todo. Incluso una de ellas, ya mayor, pero superbuena, quiso tocar a Mirna, mi mujer, pero ella la rechazo amablemente.
Nosotros vimos como una hora y luego Mirna nada más se arremango la mini, me sacó el pene y se montó en mi. Era una locura estar viendo todo aquello y hacer el amor así muy poquito a poco, sin acelerarnos, Yo creo que así duramos más de media hora hasta que terminamos. La mejor experiencia sexual que hemos tenido.
Que bueno que abrieron esta sección. Nos gustaría leer más historias ocurridas dentro de los clubes. Parejas, escribanos.
Robero y Mirna-
Mayo 8, 2009 a las 4:22 pm
Hola:
Hemos ido a dos clubs y nos quedan ganas de volverlo a hacer, encontramos puras parejas muy corrientonas y la mayoría muy mal fisicamente. Aunque dificil, segiremos nosotros insistiendo en contatar en lugares publicos para ver si hay quimica. Guacala los clubs.
Bernardo
Mayo 12, 2009 a las 12:56 am
Hola:
Nosotros fuimos a un club chafisima en un depto en la roma. Ni erotico era. Las parejas estaban bien rucas y nada resultaba cachondo. nos salimos como a las dos horas y no pensamos volver a ir nunca.
Samuel
Mayo 13, 2009 a las 2:30 pm
Hola:
Gracias al artículo de Susana pudimos ir al club de masturbación. Ya hemos asistado a dos sesiones. Es lo mejor que hemos visto. Los clubes swingers son vulgares en muchos sentidos. Este club de la masturbacion es erotico pero espiritual. Ayudar a una chica a masturbarse y que ella te ayude a ti y que a tu esposa le ocurra lo mismo es algo que jamas habiamos imaginado. No volveremos a los clubes swinger.
Victor y Alma
Mayo 14, 2009 a las 5:52 pm
Soy Rolando de 29 años, me casè hace dos con una chava que me encanta. Yo empecé a fantasear con la onda swinger y ella me siguió. Hace unos meses nos iniciamos. Hemos ido eces al club swinger. Las dos primeras sólo vimos aunque nos calentamos mucho. La primera lo hicimos hasta llegar a casa, la segunda nos masturbamos uno al otros en el coche como cuando eramos novios y ella me hizo sexo oral y termine en su boquita. Pero la tercera vez lo hizimos dos veces en el club, la primera en nuestra propia mesa cuando las parejas se subían al cuarto oscuro. Mi mujer se montó en mi y lo hizimos bien rico. Pero luego subimos y entrasmos al cuarto oscuro. Yo ya estaba listo para otra batalla. Empecé a acariciar y Yuri, mi chava, junto a una pareja ya madura. En eso estaba cuando la señora que estaba bien buena, extendio la mano y me acarició a mi el pene. Yo me dejé. Esa pareja se super pegó a nosotros. Después ella me sacó el miembro y comenzó a masturbarme. El marido solo veía. Ya era grande. Pero luego la cosa se puso dificil, la señora abandono mi pene y llevó su mano hasta los pechos de mi esposa. Al principio ella le quitó la mano, pero la señora insistió dos veces y Yuri acabo aceptando. Para no hacer largo el cuento. Solo les digo, que ahi en el cuarto oscuro, yo me vine en la mano de esa señora. Pero también tuvo un orgasmo mi mujer en la mano magica de la señora que la masturbo dedeandola de lo más sabroso a juzgar por los gemidos de mi mujer.
Ha sido la aventura más cachonda de mi vida.
Rolando
Mayo 18, 2009 a las 8:30 pm
hola a todos, felicitaciones a todos los que han compartido sus experiencias, creo que son básicos para quiénes nos estamos iniciando en el mundoswinger. Mi novio de 40 y yo de 34 hemos asistido en 2 ocasiones. La primera con Pedro y aunque no había mucha gente y era de un perfil mmm digamos distinto a “gente bonita” nos agrado el trato. Solo vimos, a mi me puso súper caliente ver y cuando mi pareja empezó a acariciarme wow!
La siguiente ocasión a un lugar que definitivamente muestra que se les ocurrió ocupar en algo la casa a la esposa y a la comadre, es la casa swinger que esta en la nápoles creo…
Ahinla línea del morbo es demasiado transgresora, supuestamente se reservan es derechobde admisiony bueno creo que nada que ver.
Ojalá puedan compartirnos algunos lugares recomendables, lamentablemente todo es dinero y hasta para interesarte en informacion del mundo swinger hay que pagar una membresia… Saludos
Mayo 18, 2009 a las 9:42 pm
Hola:
Nosotros que hemos visitado casi todos los clubes, y que por cierto, no intercambiamos, solo vemos y nada mas entre nosotros lo hacemos, pensamos que los dos mejores son el de Pedro y el Coliseum. Son tambien los más grandes y los más caros. Son los mejores por la comodidad de sus instalaciones, por el anonimato en que se envuelven ahi las parejas y porque llegan parejas de todo tipo y clases sociales, auqnue domina la calse media.
Hay algunos que son de plano fraudes.
La proxima vez les contamos lo que vimos en el Coliseum
Carlos
Mayo 26, 2009 a las 2:43 am
Hola:
Mi nombre es Miriam, tengo 29 años, soy divorciada. Alguien me puede contar más a detalle como funciona un club, cual es el mejor, que sucede, como hay que ir, etc.
No busco contacto alguno. Solo información porque pienso llevara mi galan del dia de su cumpleaños el 20 de Julio. ¿Creen que le guste? Él es muy liberal y de hecho me ha pedido algo así y yo lo quiero complacer y complacerme a mi tambien. Ojalá y podamos vivir aventuras como las que se cuentan más arriba. Yo me volvería loca de gusta. Ojo, no busco ningun contacto, insisto, solo iremos mi novio y yo.
Besos.
Miriam
Mayo 26, 2009 a las 11:07 am
LO QUER NOS PASÓ EN EL CLUB DE PEDRO LÓPEZ
Primero comienzo con presentarnos: somos un matrimonio de cinco años de casados aún sin hijos porque Alicia no quiere todavía. Tenemos los dos 32 años y, gracias a dios, la pasamos muy bien en la cama. Mi mujer es una joya. Es muy sensual y también es muy buena esposa, muy atenta y cariñosa conmigo y, además, responsable con los asuntos de la casa. Por si fuera poco es atractiva: delgada y alta, de una figura muy estilizada. Tiene rasgos muy finos, viste muy elegante. La verdad a mi me encanta y me sigue gustando y excitando como el día que la conocí.
Pero, siempre hay un pero, hay que decirlo, tiene un gran defecto: siempre se cree la más bonita de todas, la más elegante, la más aristócrata. Aunque viene de la clase media, ella se siente Lady Di o la princesa de Monaco. Y eso a mí me molesta mucho porque Alicia, en ocasiones, puede resultar muy despreciativa hacia las personas que ella considera que no tienen clase. Odio cuando dice de fulano o mengano “pero si es un naco”.
Varias veces hemos peleado por esa actitud tan racista y, debo aceptar, que algo se ha moderado. Pero a veces Alicia se olvida de todo y puede ser muy odiosa con algunas gentes.
Por todos esos antecedentes que les cuento más me resulta increíble lo que nos pasó el mes de febrero pasado. Nunca lo hubiera pensado.
Pero antes de referirles lo que ocurrió es necesario darles un par de antecedentes más. No sé por qué, más o menos a los dos años de casados, yo empecé a imaginar y fantasear con situaciones eróticas en las que participaban con nosotros otras parejas. Así, mientras hacíamos el amor yo inventaba cosas y se las iba diciendo. Al principio ella sólo me seguía y se excitaba mucho pero después también comenzó a participar inventando personas de su agrado con las que hacíamos de todo: Un matrimonio de millonarios en un yate, una actriz famosa en una cabaña, un junior en una disco, un ejecutivo maduro en un elevador. No saben cómo se ponía Alicia con esas fantasías, se venía hasta tres veces en una misma ocasión.
Pues fue el caso que después de mucho necesar, como al tercer año de nuestro matrimonio, logré que pudiéramos asistir por primera vez a un club swinger. Yo digo que la pasamos bien aunque sólo fuera mirando. Pero ella decidió que no volvería más porque no le había gustado el ambiente y mucho menos la calidad de la gente. Pero yo insistí y, pasadas algunas semanas, volvimos a ir y así se fue acostumbrando a ir conmigo una vez al mes aunque siempre refunfuñando y quejándose del tipo de personas que asistían. Ya llevamos casi dos años acudiendo a ese lugar y mi mujer finge que va sólo por complacerme. Pero yo sé que se excita mucho con todo lo que ocurre en ese antro de parejas. Lo sé porque al llegar a casa, ya de madrugada, está muy excitada y hace el amor con el triple o cuadruple de ganas. Pero lo cierto es que dentro del club ella sólo observa y no permite casi nada más. Durante estos dos años yo he insistido en que interactuemos con alguna pareja pero Alicia se ha negado por completo. Así que sólo miramos y nos acariciamos por encima de la ropa. Jamás me ha permitido que la desnude como hacen casi todas las demás parejas.
Como Alicia es guapa, aunque no tanto como ella se siente, se nos han acercado parejas de todo tipo y clases sociales pero siempre sin éxito. Una vez se acercó una pareja muy elegante y que se veía de amplias posibilidades económicas: guapo él y super bonita ella. No querían sino platicar y ver que podía salir entre los cuatro. Pero hasta ellos los rechazó Alicia con un gesto medio grosero.
Pocas veces Alicia ha querido subir al cuarto oscuro. Prefiere quedarse conmigo a tomar la última copa cuando las demás parejas suben y nos dejan casi solos en la planta baja. Sólo en ese momento me permite que le acaricie los pechos sobre la blusa, que acerque mi mano a sus muslos y en más de una ocasión ella me ha acariciado el pene pero por encima del pantalón. Pero nada más. Sé que debo esperar hasta llegar a la casa.
Pero esa noche fría de febrero, Alicia sí aceptó que subiéramos. Me advirtió, como siempre, que sólo a ver. Y que debíamos conseguir mesa en la estancia que está antes de entrar al cuarto oscuro y que es como un bar en penumbra de mesas bajas. Que al cuarto oscuro sólo nos asomaríamos por la ventana.
Di una fuerte propina al mesero y subimos siguiéndolo. La única mesa que quedaba vacía estaba en rincón en penumbra de esa estancia previa al cuarto oscuro. Ahí nos sentamos. Pero Alicia puso cara de pocos amigos cuando, al acostumbrar la vista al lugar, vio que enfrente de nosotros estaba una pareja bastante garrona. Para ser más claros, la mesa de ellos estaba a menos de medio paso de la nuestra y no había otras. Tuve que rogarle a Alicia que nos quedáramos aunque fuera un rato.
En verdad ellos eran muy feos y de mala pinta. Ella era gordita, chaparra y morena, con el pelo largo y lentes. Su marido parecía gánster de mala película mexicana: fornido, muy alto, con una cicatriz en la mejilla y de pelo seboso. Vestían muy mal, él con chamarra del cruz azul y ella con una mini muy vulgar.
Nos trajeron los tragos y de inmediato la mujer extendió la mano presentándose como Celina. Mi mujer casi no le da la mano. Yo pedí la cuenta porque sabía de la incomodidad de mi mujer.
Celina se percato del desprecio de mi esposa y nos dijo:
“No se preocupen que no mordemos… Ya sé que estamos medios gachos, pero no molestamos a nadie. Tómense tranquilos sus copas y luego se van —nos dijo y agregó dirigiéndose a Alicia—: Que bonita eres princesita, no tengas miedo de nada que ni nos acercaremos. Aquí Fidencio, mi marido, sabe qué tipo de pulgas brincan en nuestro petate y tú no eres de esas —concluyó sonriendo.
Celina chocó su copa con la nuestras. Alicia me pellizcó la mano como diciendo: “pero qué naca”. A mí, en cambio, la gordita me pareció de lo más buena onda. Mientras tanto las parejas entraban y salían de cuarto oscuro. Tomé la mano de mi mujer y salimos de aquel rinconcito para ir a ver por la ventana del cuarto. En cuanto miré se me paró el pene. Era una orgía maravillosa allá adentro. Parejas cambiadas, sexo en grupo, sexo bisexual entre tres chicas, de todo había. Duramos ahí más de quince minutos mirando. Yo abrazaba a mi mujer, la besaba en el cuello y los hombros. Sin duda ella también estaba muy excitada porque de vez en cuando me rozaba el pene con el dorso de su mano. Yo me percaté que al lado nuestro, también de pie y mirando, estaba una pareja que nos miraba de reojo. Ella era alta y rubia y él un hombre joven con cuerpo de stripper. Ambos parecían de muy buena posición social. Yo me atreví a abrazar más a mi mujer y decirle: “Mira, Alicia, ellos sí te van a gustar y se mueren por acercarse a nosotros”. Con discreción mi mujer volteo a mirarlos y, por primera vez en dos años, me comentó que eran agradables y nice. Pasaron así otros minutos hasta que él se atrevió a hablarle a mi esposa: “Ustedes nos gustan mucho, podríamos hacer varias cosas juntos, la que ustedes decidan: ir sólo a conversar a nuestra mesa, meternos al cuarto oscuro los cuatro o irnos a nuestra casa en San Angel, ¿qué les gustaría más?”. Yo me emocioné porque creí que mi mujer iba a decir que sí a alguna de las propuestas porque de verdad era una pareja de su estilo, pero para mi desgracia ella sólo respondió: “muchas gracias, pero nosotros no intercambiamos con nadie”. Me tomó de la mano y me llevó a nuestra mesa, se sentó y me dijo: “Paga la cuenta. Nos vamos”. Sin embargo yo sabía que estaba excitada por lo que habíamos estado viendo y por la propuesta de la pareja.
La pareja de feos ahora nos miraba fijamente. Era una mirada de pocos amigos la de Fidencio, era una mirada amistosa la de Celina. Ella dijo en voz alta: “Qué pasa, princesita, todavía de mal humor. Aquí es para venir a estar contentos, no para estar así como tú. ¿O es que acaso todavía no te calientas lo suficiente?”.
Desde luego, Alicia no contestó a esa pregunta. Lo cierto es que Celina sólo quería ser agradable y amistosa. Y continuó: “Mira, princesita, nosotros podemos hacerte la noche agradable. Es más, si yo tuviera dinero o algo de valor, te apostaría a que en menos de media hora te quitamos esa carita enojada y, además, te ponemos bien cachonda”. La mujer soltó una carcajada al ver la expresión de incredulidad de mi esposa. Pero siguió adelante diciendo “Sólo media hora, jajaaaaja”.
Alicia y yo estábamos mudos con la actitud tan desinhibida y amigable de Celina. La pareja de San Angel se paseaba cerca de nuestro hueco como si quisieran hacer un nuevo intento de llevarnos con ellos.
“Mira, princesita, Fidencio y yo estamos bien feos, pero sabemos gozar y hacer gozar. Yo era casada cuando lo conocí y en cuanto me llevó a la cama, dejé a mi marido y desde entonces nos la pasamos dándole bien duro. Pero como sé que él no tiene límites, aprendí a ser yo mismo la que le ayuda a conseguir mujeres. Al principio le llevaba putas, pero no nos caían demasiado bien. Luego descubrimos la onda swinger y aquí hago lo posible por tratar de que de vez en cuando se coja a alguna chiquita apretada como tú. Por feos, pocas veces lo hemos logrado, pero en esas ocasiones ellas quedan más que satisfechas, princesita. ¿Quieres saber por qué?”
Tanto Alicia como yo estábamos como hipnotizados, muy pendientes de lo que decía aquella mujer. Mientras tanto, el tal Fidencio le desabrochaba la blusa y la falda a su mujer. Ella hablaba y él la desvestía.
“Yo Te voy a decir porque Fidencio coge tan rico, princesita. No, no te imagines que porque la tiene muy grande, la tiene normal, pero sabe usarla, princesa, y sabe lo que las mujeres queremos y dónde, cuándo y cómo lo queremos. Por ejemplo, princesa, él sabe que yo ahorita ya estoy calentándome mucho de sólo hablarles a ustedes. Y sabe muy bien que quiero enseñarles mis cositas. Estoy segura que les gustarán y ni se fijarán en las lonjitas.”
La mujer quedó en tanga y brasiere. Se acomodó en la silla y continuó: “El sabe que a mi me pone loca enseñar mi panocha, lo sabe muy bien, ¿verdad que si, Fidencio? Enseñársela a una princesita y a su esposo”.
Acto seguido se bajó la tanga, abrió las piernas y comenzó a tocarse su sexo muy peludo y volvió a hablar: “Fidencio sabe que estoy muy mojada y que mis dedos resbalan muy rico por mi pachonita y sabe también que me gustaría que el esposo de la princesita tocara aunque fuera un poco este clítoris tan grande como la punta de un dedito, mi botoncito que esta que explota de tan gordito.”
Yo veía aquel sexo grande y velludo y ese clítoris tan grande como no había visto ninguno. En eso el hombre se paró, quitó las mesas de en medio y tomó mi mano y la llevó al sexo de su señora. Yo voltee a ver a Alicia que estaba como obnubilada. Ella también veía aquel sexo femenino tan peludo. Los gemidos de Celina eran suavecitos. Yo la acariciaba sintiendo una tremenda excitación. Cada vez su sexo se mojaba más. Debo reconocer que nunca había tocado uno tan mojado, y un clítoris tan parado y duro. Era una delicia meter mis dedos, subirlos y bajarlos por aquella vagina encantadora. Me había olvidado si aquella señora era fea o guapa, su sexo era mágico. Metí tres dedos y los movía mientras ella agitaba con tersura sus caderas.
“Mira que rico me dedea tu marido, princesa y mira que rico me vengo en su mano. Celina apretó mi mano con sus piernas y mis dedos lograron la mayor profundida. Se vino en mi mano con un gemido largo y diciendo: “Así, asiiii, me vengo, Fidenciooooo”.
Reposó un ratito y luego retiró mi mano. Acto seguido procedió a sentarse junto a Alicia y dijo: “Ya que yo me vine tan rico con la ayuda de tu esposo, Fidencio ahora sabe que tú y yo queremos ver su verga”.
Se hizo un gran silencio. El hombre mal vestido y con pinta de un individuo sucio, de pie todavía se bajó el pantalón y luego el calzón y comenzó a masturbarse casi frente a las dos mujeres.
Yo no daba crédito cómo Alicia seguía ahí, con la cara colorada, mirando aquel falo. “Así, mi amor, a la princesita le gusta que te masturbes para nosotras”. El individuo lo hacía con lentitud y hasta puedo decir que a mi mismo se me antojo un poco aquel instrumento. Celina volvió a atacar:
“Vete para allá, Fidencio, siéntate en tú lugar y no dejes de hacerte tu chaqueta que le gusta mucho a esta niñita”. El hombre obedeció.
Acto seguido, Celina dijo: “Pero princesita, ¿todavía estas vestida? Con las ganas de coger que has de tener. Mira que te ayudo.” La mujer le empezó a quitar la blusa y el brasiere. Era increíble lo que yo estaba viendo. Cómo era posible que una mujer así hubiera desvistiendo a mi mujercita que no dejaba de mirar a ese naco que se masturbaba para ella. Pero tan caliente me sentía yo también que me saqué mi herramienta y empecé a masturbarme como lo hacía Fidencio.
El hombre le dijo a su Celina: “Ya encuérala toda”
“Ya oíste, mi Fidencio sabe que tú quieres encuerarte y enseñarle tu panochita que ha de estar pelona como la de las niñitas apretadas. De inmediato, le bajó la flada y luego la tanga rosa que Alicia llevaba. Créanme que yo casi bramaba al ver esa escena porque Fidencio dijo: “Dale una masaje en la panocha”. La mujer bajó su mano y la metió entre las piernas de mi esposa diciendo: “Vamos a ver, princesa, pero si estás ardiendo en calentura, estás más caliente que yo. Mira la que no quería si está mojada hasta los muslos”.
Celina masturbaba a mi mujer. Fidencio y yo hacíamos lo propio. La pareja de San Angel se había parado cerca de nosotros y miraban incrédulos a la mujer que los había despreciado para gozar con las caricias de Celina. Cuando Alicia estaba a punto de venirse, la mujer retiró su mano diciéndole: “Todavía no, princesa, la primera venida siempre es para mi marido”. Mi mujercita estaba entregada a ellos y yo lo disfrutaba sin resquemor alguno.
De vez en cuando volteaba a ver a la pareja de ricos que se abrazaban y besaban de pie viendo la escena porque Celina tomó a mi mujer de la mano y la llevo hacia Fidencio como si estuviera entregando una novia. El patán aquel sólo dijo: “Móntate, princesa”. Alicia obedeció subiéndose en aquel tipo que empezó a besarla de una manera muy ruda y darle nalgadas no muy fuertes. Oía los gemidos de mi esposa al irse metiendo aquel falo y los gruñidos de Fidencio que algo le decía a mi media naranja. Pero fue verdad, ella no tardó en empezar a cabalgar, literalmente a cabalgar. Subía y bajaba con fuerza y rapidez metiendo y sacando así el instrumento del hombre que ahora le acariciaba los senos diciéndole: “Así, cométela toda”. Alicia en verdad estaba convertida en una gata en celo.
No tardó Celina en acercarse a mí. Se sentó a mi lado y como algo muy natural tomó mi pene y comenzó a masturbarme al tiempo que aseguraba: “Mira que guardadito tenías que tu esposa fuera tan caliente. ¿Te gusta ver cómo goza con la verga de otro?”. No respondí, tan sólo seguí disfrutando la caricia y mirando a Alicia montada en aquello y presa de un frenesí que jamás había sentido conmigo. La vi fuera de sí venirse diciendo palabrotas al tiempo que Celina me decía: “Mira lo cachonda que es tu esposa, mira cómo se viene gritando”. De verdad Alicia casi gritaba. Ese orgasmo de mi mujer fue seguramente el más largo de su vida.
Después se calmó un poco pero seguía moviéndose hasta que Fidencio le dijo: “En tu boca, en tu boca”. Ella entendió, se bajó lentamente, se hincó y fue engullendo el instrumento lleno de sus jugos. Yo no salía de mi consternación, pero seguía disfrutando de la caricia de Celina que ahora comenzó a bajar su cabeza hasta que llegó a mi pene y le empezó a dar lengüetazos en la punta para después metérselo hasta la mitad y empezar a chuparlo de lo más rico. Su lengua y boca expertas eran una delicia a la que se sumaba la vista que tenía enfrente de mí: Alicia mamando hincada, con el trasero al aire y con una mano entre sus piernas masturbándose, esperando a que el tipo aquel acabara en su boca. Eso ocurrió entre gruñidos del individuo y al tiempo que Alicia se venía también con su propia caricia. En ese momento yo no pude aguantas más y también me vine en la boquita maravillosa de Celina. Más que venirme, estallé con chorros de esperma que ella engulló gustosa tal como lo había hecho mi esposa con su marido.
Mi mujer se incorporó y fue a sentarse a mi lado. Celina volvió con Fidencio. Alicia y yo comenzamos a vestirnos lenta y gustosamente, como si estuviéramos en la calma después de la tempestad. La pareja de San Ángel, al ver que pagábamos y nos retirábamos, pasó a sentarse donde nosotros estábamos. Ya íbamos de salida cuando mi esposa me dijo, “olvidé algo” y regresó. Lo que había olvidado era despedirse de Fidencio. De lejos vi que Alicia se acercó a él y le dio un beso en la boca. Fue un beso largo durante el cual el tipo aprovechó para meter la mano bajo la falda de mi mujer como si también debiera despedirse de aquella vagina de princesa. También vi cómo Celina ya estaba sentada al lado de la chica de San ángel desabrochándole la blusa.
De entonces a la fecha han transcurrido varios meses. A mi esposa se le ha quitado lo elitista y ahora sí hemos intercambiado en el club con tres parejas más, incluida la pareja de San Ángel que va al club una vez cada quince días. Pero, dicho por mi mujer, nada tan enloquecedor con lo que vivimos con Fidencio y Celina. No los hemos vuelto a ver. Si por casualidad leen esto, le diremos que el próximo miércoles estaremos en el club.
Miguel Aguilar Comonfort
Junio 8, 2009 a las 11:40 pm
Mi cuñada y yo…..
Toda la vida desee hacerle el amor a la hermana de mi mujer , constantemente la asediaba y ella muy sutilmente me apartaba recordandome que eramos casi familia.La espiaba en el baño , en la alcoba y a ella creo que no le disgustaba una noche me atravì a mostrarle mi pene desde mi alcoba y ella esbozò una leve sonrisa.
Un dìa de diciembre hace poco màs de 3 años la encontrè en un bar con unas amigas suyas y despuès de muchas copas me desafiaron a que no las llevaba a un bar swinger muy nombrado en Bogotà; entramos tres mujers y yo al principio el vigilante se puso un poco pesado pero varias parejas que venìan ingresando nos apoyaron y asì pudimos acomodarnos.Vimos shows lesbicos ,una pareja haciendo ela mor y al llegar la famosa hora loca sacaron a bailar a 2 de las amigas de mi cuñada por lo que decidì bailar con ellas( las 2), y comenzamos a abrazarnos besèlos pechos de su amiga sobre su blusa a ella le coloque los dedos entre sus los labios de su boca y luego baje a sus senos sin protesta alguna nos sentamos y bese a su amiga mientras me saquè el pene llevando la mano de micuñada hacia el…no opuso resistencia y yo ya besaba la vulva de sua miga que no tenià un solo vello y estaba empapada.mi cuñada estaba algo ebria pero sabià que estaba arrecha por su respiracion por lo que me levante , la besè freneticamente y lleguè a su pubis que tanto anhelaba ; tambien estaba depilado se lo besè hasta qye alcanzò un orgasmo profundo su clìtoris vibraba al compas de su respiraciòn y la penetre casi sin darse cuenta..su amiga se masturbaba con frenesì yb yo termine casi al instante por tener tanta pasiòn acumulada…decidimos irnos de alli para un motel donde terminamos haciendo un trìo espectacular.
Todavia somos amantes los tres y mi esposa sospecha de lo nuestro …..
Junio 10, 2009 a las 3:49 am
Hola a todos
La semana pasada fuimos por segunda vez a un club swinger y fue la primera vez que beso un mujer y yo a ella. Nuestros maridos solo veian. Desde que me beso esa guapa desconocida, supe que lo haria todo con ella. Fue mientras bailamos, ya todas las parejas se habian ido al cuarto oscuro. Mi marido y yo bailabamos en la pista y nos besabamos y tocabamos. Pero llego esa pareja y empezaron a bailar tambien y se acercaron a nosotros. Ella muy guapa y el atractivo. El hombre se acerco y nos propuso que cambiramos de pareja y mi esposo acepto. Yo empece a bailar con el desconocido y mi marido con la chica que era como de mi estatura, delgada y con el pelo corto. El hombre me apreto pero sin propasarse y me hablaba con voz sensual al oido diciendome que su mujer esra tremenda de caliente y me decia que la mirara. En efecto, ella parecia estar muy excitada por como se movia con mi marido. El desconocido me pregunto si me atreveria a bailar con ella y no me dio tiempo de contestarle. Sencillamente se reiro de mi y su mujer se fue conmigo. Me tomo de la cintura, me abrazo y se me quedo mirando a los ojos. Yo estaba muy nerviosa. En especial cuando ella empezo a mover mucho su pelvis. Luego de dos piezas, ella, que yo creo que ya sabia que yo estaba excitada, sencillamente me beso de forma apasionada. Me dio un beso al que le siguieron otros mas. Los hombres estaban atras de nosotras y nos abrazaban pegando sus miembros a nuestros cuerpos. Mo tardo la chica en comenzar a acariciar mis pechos y asi me fue excitando cada vez mas. Me encantaba lo que estaba sintiendo. Nunca habia sentido las caricias de una mujer. Nos fuimos los cuatro a un rincon muy oscuro y ahi sentadas nos empezamos a acariciar mas atrevidamente entre nosotras. Lo que sucedio despues se los dejo a su imaginacion, solo les digo que me vine dos veces con ella y una con mi marido.
Hasta pronto y sigan contando aqui sus experiencias en los clubes swinger. Cuenten incluso las que han sido malas para saber.
Marcela
Junio 17, 2009 a las 6:03 pm
Hola:
Somos una pareja swinger de 32 años ambos. En dias pasados conocimos a una pareja tambien swinger. El hombre era muy flaco y serio y ella muy simpatica y platicadora. Nos conocimos en el club de Pedro. Solo platicábamos de vez en cuando cada pareja en su mesa. De probto él se me pego mucho. Yo no sabia que hacer porque no ibamos con animo mas que de ver a los strippers y solo hacerlo entre nosotros. Pero esa cercanía del tipo me gusto. Me empecé a besar con mi marido y mis pompas casi tocaban el cuerpo del individuo. de pronto la chica se cambio de lugar y se sentó junto a mi marido. Ya todas las parejas iban subiendo al cuarto oscuro. Nosotros cuatro nos quedamos en nuestros lugares, al fondo, en el lugar de mas penumbra. Seguí besando a beto cuando vi la mano de la chica acariciando el pene de mi media naranja. En ese mismo instante senti la mano del marido de ella entrando por abajo de mi mini.
Todo fue maravilloso, no hubo penetración solo caricias. Nos masturbamos todos contra todos y fue muy rico.
Fue una noche muy especial.
Lulu y Beto
Julio 1, 2009 a las 2:53 pm
Hola parejas swinger:
Fuimos al club de pedro y esto fue lo que ocurrió:
12:00 pm Carmen, mi esposa, llevaba una mini blanca. Nos sentamos abajo de la cabina de sonido y vimos bailar a las parejas. Junto a nosotros una pareja se besaba y se acariciaba de manera cada vez más atrevida. Pedimos tequilas
01:00 pm Bailamos en la pista repleta de parejas. Una de ellas se acercó a nosotros. Ella era blanca y alta, llevaba unos pantalones azules muy ajustados. Muy guapa aunque no joven.
01:00 pm Fuimos a su mesa. La mujer me acariciaba la pierna.
01:30 Vimos los cuatro en silencio en show. La mujer ahora me acariciaba mas arriba. Cuando los strippers pasaron a nuestra mesa, tanto la mujer que se llamaba Irma, como mi esposa, acariciaron por todos lados a los strippers.
02:00 Las parejas subían al cuarto oscuro y nosotros cuatro nos quedamos casi solos en la penumbra.
02:30 Irma me acariciaba de lo más rico. Ya me había sacado el miembro. Su esposo también se sacó el pene. Mi esposa lo tomó en su mano y me dijo: “Mira mi amor, es super grande”. En verdad lo era, pensé que medía el doble que el mio. Hasta me dio pena.
03:00 Mi esposa se subió en el tipo y empezaron a hacerlo. Irma también se subió en mi. Era un delicia ver disfrutar así a mi esposa. Yo duré como diez minutos en terminar. El tipo como veinticinco. Ellos si hicieron distintas posiciones. Mi mujer tuvo dos orgasmos.
03:45 Salimos del lugar. Yo iba satisfecho sexualmente pero entre enojado y apenado por haber terminando tan rápido. Mi esposa estaba contenta.
04:30 Ya metidos en la cama, al notarme extraño, mi esposa me acarició y me hizo sexo oral. Fue maravilloso. Se me quitó lo molesto y nos dormimos.
Abelardo
Julio 22, 2009 a las 3:50 pm
Hola aparejas cachondas:
Estuvimos con Pedro la semana pasada. Uffffff y recontra uffff. Nos situamos cerca de la pista. A lado un señor ya mayor con una chava muy joven hacían de todo. Mi Rosy se calentó de verlos. El show lo vimos en primera fila. Acariciamos a los strippers sin mandarnos mucho. Subimos al cuarto oscuro. Una mujer muy alta y la mas guapa de la noche, junto con su marido, se sentaron junto a nosotros en el cuarto oscuro. Igual que nosotros, sólo miraban. Igual que nosotros, ellos rechazaban a los que querían acercarse y tocar. Así, sólo mirando, pasó media hora. Pero yo saque mi pene y comencé a masturbarme mirando a dos chicas hacerlo de pie frente a nosotros cuatro. Mi Rosy me masturbaba. Era muy suave estar así. De pronto, la mano de la mujer se posó sobre la de Rosy que retiró la suya. Ahora era esa mujer la que me masturbaba. El marido nos veía, Rosy nos veía. Se bajó la tanga, se subió la falda. me puso el condón y se subió en mí. Se vino en cosa de minutos, no arriba de cinco. Se bajó, me cambió el condón y entre caricias a Rosy, le llevó a subirse en mí. Mi mujer y yo casi nos venimos juntos. Ellos se habían ido. Todo fue muy tierno y maravilloso.
Gabo y Rosy
Agosto 1, 2009 a las 12:13 am
Hola, somo extranjeros de Venezuela y no conocemos clubes swinger en Mexico.
NOTA DEL MODERADOR
Tenemos un dilema con la publicacion de su post… nos gustaria permitir que les den informacion sobre su pregunta, pero al hacerlo se estarian generando anuncios especificos y que no permitimos.
Les pedimos les hagan llegar mensajes directamente a las parejas que hacen referencias de determinados clubs con sus preguntas, para que de manera directa ellos les puedan responder.
Ofrecemos nuestras disculpas y agradecemos su comprension.
Con nuestros cordiales saludos.
Apple Clubs Moderador
Agosto 22, 2009 a las 12:27 pm
hola:
los relatos estan geniales, recien nosotros queremos entrar en este ambiente y queremos y Acapulco, xq somos de Guerrero, pero no hemos recibido respuesta, de que manera no pudieran apoyar en intercambiar fotos y obviamente parejas…
saludos… esperamos respuesta.
Agosto 24, 2009 a las 3:48 am
Estoy muy interesada en entrar en este mundo swinger pues tan solo a leer los relatos me calente tanto que lo que mas quiero ahorita es coger con mi marido ojala puedieran enviarme las direcciones y telefonos para ir a uno de esos clubles
Agosto 24, 2009 a las 2:25 pm
Hola:
Que bueno, ricos y sabrosos relatos. Están super, debían destacarlos más para que todos los leyeran, estan como escondidos. Se los leí a mi chava y ya imaginan todo lo que pasó. Iremos a México a uno de esos clubes, eso es seguro.
Mat.
Agosto 26, 2009 a las 5:15 pm
Nosotros somos swingers tardios, empezamos ya grandes y conocemos varios clubes del Distrito y contaremos nuestras experiencias en ellos, pero antes les hablaremos de como empezamos mi mujer y yo. Todo ocurrió hace tres años que fuimos a vivir a Oaxaca huyendo del Distrito.
Nuestra nueva ciudad era agradable y tranquila. Nuestros hijos, gemelos de 23 años, se habían quedado a vivir en la ciudad de México. Mi esposa Estela y yo, Felipe, hemos habíamos llevado un matrimonio tradicional. Habíamos sido de costumbres más bien recatadas. No eramos lo que se dice unas fieras haciendo el amor.
Rentabamos una linda casa en el centro de la ciudad, a unas cuadras de Santo Domingo. Y tuvimos que buscar una muchacha para ayudarnos en el quehacer. La sirvienta de unos vecinos nos consiguió a una joven de la costa, del Istmo. Se llama Nancy, es delgada y morena, de pechos grandes. Tiene rasgos indigenas y muy lindo caracter. Es trabajadora y alegre. No es nada fea sin que pueda exagerarse tampoco diciendo que es una beldad. Es una chica de poco más de veinte años que le dio un vuelco completo al ambiente de nuestra nueva casa.
Debo reconocer que conformé avanzaban los días yo cada vez me iba fijando más en ella y estoy seguro que ella se daba cuenta de mis miradas. Tanto mi esposa como yo la tratábamos exageradamente bien. Al grado que se sentaba a la mesa a comer con nostros.
Pero es el caso que yo me fui obsesionando con ella. El colmo fue cuando una tarde Estela me descubrió en el cuarto de Nancy, que había salido de casa a comprar pan. ¿Qué creen que estaba haciendo yo? Pues oliendo los calzoncitos de la muchacha. Ya se imaginan la pena que me dio.
“No vuelvas a entrar aquí como un maniático sexual”, me dijo mi mujer, se dio la media vuelta y se fue. Yo guardé la prenda en el cajón del que la había sacado y salí también del cuarto. La verguerza que tenía era terrible. Esa noche, ya metidos en la cama le pedí perdón. Pero Estela, contra lo que yo hubiera imaginado, no parecía muy disgustada. Me aseguró: “Lo entiendo, Nancy tiene algo”. Y procedió a hacer algo que nunca había hecho. Se desabrochó el camisón y tomó mi mano. La llevó primero a los pechos, aún firmes a pesar de que ya pasa de los cuarenta, segundos después la llevó hacia abajo por su abdomen al filo de los calzones. La metió bajo de ellos y mi sorpresa fue mayuscula: no es que estuviera mojada, estaba empapada. Minutos después nos estábamos masturbando el uno al otro como nunca antes. Cuando Estela se subió y se clavó mi herramienta, me dijo con un tono desconocido: “¿Te gusta oler los calzoncitos de Nancy? ¿Te gustaría metersela como a mí?”. Yo estaba estupefacto con lo que decía Estela y con su manera de moverse como jamás lo había hecho. La verdad nos venimos casi de inmediato como no ocurría hacia años.
Los días volvieron a la tranquilidad, sin sobresaltos mayores. Pero una nochesita después de merendar, dado que hacía mucho calor, decidimos sentarnos en una salita de mimbre que tenemos en el patio bajo el corredor. Esperaríamos el fresco. Nos servimos un par de anises. Estábamos así disfrutando de la calma oaxaqueña cuando Nancy se sentó y nos anunció el próximo mes se casaría con un muchacho también del Istmo y nos pedía permiso para ausentarse por su luna de miel. Confieso que me quebró un rayo de celos. Desde luego, no dije nada. Estela, en cambió se levantó y le dio un abrazo. Además, fue por copas y abrió una botella de vino.
Brindamos por el próximo matrimonio. Un brindis, dos, tres, nuevas copas, una nueva botella, la noche avanzaba. Nancy no parecia muy acosturmbrada a beber. Y Estela no paraba de llenarle la copa. La muchacha se veía ya un poco tomada y descuidó su forma de sentarse dejando que la falda se le subiera bastante con lo que yo podía extasiarme con sus muslos morenos.
Las dos mujeres empezaron una conversación de la que yo parecía excluido. Aunque de vez en cuando mi mujer volteaba a verme con un gesto coqueto que yo no le conocía. La verdad es que mi media naranja estaba comportandose de una manera muy extraña. Le hacía preguntas dificiles a Nancy. La muchacha contestaba apenada y con risa nerviosa entre un sorbo y otro de vino. “Sí, señora Estela, ya lo hemos hecho muchas veces, mi novio no tiene quietas las manos nunca, jiji, ji, jiji”. “Ay señora, como quiere que le diga eso… pero bueno pos sí, me gusta rete mucho, jiiii, ji, jiii, a quien no le va a gustar, jjjiiiii, pero creo que a mi mas que a todas, jjiiiii, siento unos escalofrios bien sabrosos cuando…., jiji, jiji”. Ya cerca de la media noche, Nancy estaba algo más que achispada aunque se mantenía lucida a pesar de que se le arrastraban las palabras. Caló el fresco y Estela dispuso que nos tomariamos la última para ya irnos a dormir. Así ocurrió pero Nancy, al levantarse, empezó a dar tumbos.
“Debemos llevarla hasta su cuarto, Felipe”, me dijo mi esposa. Así lo hicimos. Yo tomé a nancy de un brazo y a Estela del otro. Sentir el calor del cuerpo de esa muchacha y rozar el nacimiento de uno de sus senos me provocaron una erección que me preocupó porque mi esposa podía notarla. Acostamos a Nancy bocarriba en su cama. Ella nos miraba y volvía a reirse jiiijiii. Hasta que cerró los ojos y pareció entrar en un sueño placentero. Pensé que Estela y yo ya nos retiraríamos pero mi señora me dijo que no podíamos dejarla dormir vestida. Tragué saliva. De uno de los cajones del mueble donde yo aquellla tarde yo había sacado los calzones, mi esposa sacó una batita corriente de color rosa. Me la dio para que se detuviera pero tambien extrajo dos tangas blancas y me dijo: “Huelelas cuanto quieras”. Yo, busque el lugar exacto para olerlas. Mi mujer me miró con ese gesto desconocido de coquetaría extraña. Yo pensé que cómo podía ser que despues de tantos años uno pudiera descubrir que su esposa es bastante picara y, además, muy cachonda. Esa misma expresión tenía ahora al empezar a desabrochar con mucha lentitud la blusa de Nancy. Lo hacía mirándome oler los calzones de la muchacha.
Estela me dijo mirándome bajo la cintura: “Desde hace un buen rato que lo tienes bien parado”. Yo puse cara de que era contra mi voluntad y seguí oliendo las prendas y mirando al fin los grandes pechos de Nancy cubiertos con un sujetador tambien corriente de color azul palido y transparente.
Mi esposa, con habilidad de cirujano para no despertarla ahora la despojaba de la blusa y tambien del brasiere. Ahi estaba Nancy como yo siempre había deseado verla: con el torso desnudo, con los pezones cafes y de grande aureola. Mi mujer los veía y luego me miraba a mí. Sin decir una palabra, los dos supimos que debíamos seguir. Por tanto, mi mujer, ahora comenzó la faena de quirale la faldita. lo hizo con identica maestria. Yo seguía parado a los pies de la cama. Así aparecio una tangita azulita y transparente como el brasiere. La prenda parecía muy usada pues tenía una rasgadura a la altura del pubis por donde salían unos pelitos negros y sedosos. Dejé la bata y los calzones sobre la comoda y procedí a acariciarme el pene sobre el pantalón.
De pronto Estela se levantó de la cama, se acercó a mí, me dio un beso en la comisura de los labios y comenzó a denudarme. Me quitó el pantalón, la camisa y hasta los calzones. Mientras ella lo hacía, yo no dejaba de ver a Nancy en todo su esplendor sobre la cama. Entre besos en el cuello, mi mujer me dijo al oido en voz baja: “No está dormida y está tan caliente como nosotros”. Al decirlo le dio un rico masaje a mi pene.
Al poco rato volvió a la cama y dijo: “Me voy a desvestir porque hace mucho calor y me recostaré aquí con Nancy porque creo que debo seguir cuidándola, no sea que se vaya a sentir mal… Si tu quires puedes quedarte”. La luz de la luna entraba por la ventana y una lamparita de tenue luz estaba prendida sobre el buro. Los minutos transcurrían en silencio y sin movimiento. Jalé una silla y me sente siempre a los pies de la cama. En esa penumbra tan sugerente, vi como Estela se desvestía como si difrutara cada vez que se quitaba una prenda. Se veía preciosa ya sin sujetador con sus pechos todavía apetecibles. Su tanga era pequeñita y negra y a los lados asomaban pelos. El contraste entre la piel blanca de mi mujer y la morena de la sirvienta era muy excitante.
Ya no sabía que más esperar de mi esposa. Nancy permanecía bocaarriba y mi señora a un lado de ella con la boca muy cerca del oido de la chica. Siguió el silencio por un rato más hasta que Estela dijo con voz melososa. “Debes estar muy dormida, Nancy, porque se te pasaron las copas. Pero ya te desvestí para que estes comoda y espero que no te moleste que mi marido nos acompañe y que haya visto tus pechos que son tan bonitos y que hasta mí que soy mujer se me antojan”. En ese instante vi como mi esposa llevo su mano a uno de los senos de la sirvienta. Casi se me corta la respiración. Lo único que se me ocurrió fue acariciar mi pene con mas enjundia. Mi mujer sobaba con muchas suavidad los pechos de la muchacha. Lo hacia con mucha cadencia, sin la menor prisa. Inicio un masaje a los pezones que crecieron de inmediato y muchisimo. “Sabes una cosa, Felipe, Nancy tiene los pezones bien duros, a la mejor está soñando con las caricias de su novio… Con tu permiso se los voy a chupar un poco para que siga soñando rico”, me dijo y de inmediato empezó a pasear sus labios por el pecho hasta prendarse del pezón izquierdo para chuparlo de una manera deliciosa.
“Ummmm, Felipe, Nancy tiene unas chichis muy ricas, ayyyy, que maravilla mamarselas así….”. Nunca podría haber imaginado siquiera que mi esposa pudiera hablar así. Pero así era y mi pene estaba cada vez más parado y duro. Un pequeño gemido pareció traicionar a la muchacha. Pero luego todo volvió al silencio. Yo deje de masturbarme por miedo a venirme.
Mi mujer volvió a hablar: “Sabes una cosa, Nancy, mi marido te quiere coger desde que te vio y ahora mismo se la está jalando mirándonos. Tu le gustas mucho y a escondidas huele tus calzones. Y, además, no sabía lo cachonda que podría ser yo, ni se imaginaba que pudiera gustarme acariciar a una mujer. Mi marido no conoce a su esposa, pero hoy ya me está conociendo y ya sabe que me encanta mamarte los pechos y que quiero mojar mis dedos en tu panochita, Nancy”. Estela bajo la mano por el vientre de la chica. Yo me puse de pie para ver mejor. Con movimientos felinos, mi mujer se despojo de su tanga y le quitó la suya a Nancy. Los dedos de Estela se movían ya en el pubis de la muchacha, peludo y sedosos, encantador. Era una maravilla. Mi mujer acabó por meter los dedos, por acariciar el clitoris primero durante un largo rato para luego meter dos dedos en el interior humedo de aquel sexo belludo que me tenía hipnotizado.
“Ayyy, Nancy, nos tienes bien calientes a los dos y tu estás empapada. Yo sé que estás despieta chiquita, que lo has estado siempre y sé que te encanta que te este metiendo los dedos así de rico. “Ayyyyyy, qué mojada, ¿te gusta que te coja con mis dedos, Nancy? Creo que sí, pero yo pienso que también te gustar la verga de mi marido”.
Estela me hizo una seña y me dijo: “Metesela, pero no te vayas a venir para que no quede embarazada”. Mi mujer abrió las piernas de Nancy, las encogio para que su sexo estuviera más abierto y me lo mostró como si fuera un regalo para mí. Me subí a los pies de la cama y me hinqué. Levanté a Nancy de las caderas con delicadeza y la acomodé muy bien para entrar suavemente, poco a poco, disfrutando cada milimitro de esa vagina ensopada. Ya teniendo mi pene hasta bien adentro, disfrutando al máximo cada fracción de segundo ahi adentro, sintiendo esa tibieza lubricada, comence a moverme en circulos para luego meterlo y sacarlo una vez y otra vez, de la base a la cabeza, otra vez y ahora más rapido, muchas veces sintiendo como las sirvienta se amoldaba a mis embestidas.
Nancy volvió a hablar con esa voz cachonda, ahora en voz muy alta: “¿Te gusta la verga de mi marido, Nancy?, ¿te gusta como te coge el señor”. No hubo respuesta pero Estela insistio ahora metiendo la mano entre nosotros dos para empezar a masturbar el clitoris de la chica. “Responde, Nancy, ¿te gusta cómo te cogemos?” Esta vez ella si respondio: “Sí, señora, si, si me gusta mucho, si me gusta la cosa del señor y la mano de usted, si, si, ayyyyy, me gusta mucho, ayyy.” Sus gemidos y palabras eran deliciosos y senti como la muchacha se venia haciendo unos ruiditos muy ricos con la boca y moviendose a todo lo que daba. “Ayyyy, asi, señora, mas fuerte, maaaas, asi, que rico, señor, ayyyy.”
Yo tambien estuve a punto de venirme pero logre aguantarme. Una vez que ella terminó me sali con el pene más que mojado y nunca tan duro en toda mi vida. Mi mujer le dijo a la muchacha: “Ahora me toca venirme a mí, Nancy y con suerte tu alcanzas una segunda vez. El señor también falta pero hoy se va a venir en mi de una manera que nunca antes lo ha hecho”. Mi mujer se incorporó y se acomodó hacia los pies de la cama. Se acomodó de tal manera que se agachó y abrió las piernas de Nancy, la jaló y empezó a lamerle el sexo todavía jadeante. Despues me pidió: “Ahora metémelo desde atrás, mi amor”. Yo entre a su vagina como cuchillo en mantequilla y empece a bombearla. Estela no dejaba de succionar y chupetear y lengutear y lamer el clitoris de Nancy.
Sin duda en ese momento no habría un hombre más feliz y mas caliente sobre la faz de la tierra. Estela estaba tan mojada o mas que Nancy. Mi pene entraba y salía de su cuevita como si fuera un ser vivo enchido de placer y felicidad.
Estaba a punto de venirme cuando Estela levanto la cabeza de entre las piernas de la sirvienta y me dijo: “Ahora metemelo como nunca antes, por atras, metemelo por el culo, Felipe”. No dijo más, volvió a su tarea en la vagina de Nancy mientras yo procedía a obedecerla primero ensalivandome los dedos para meterselos por atras. Al poco, ya relajado el lugar, saque mi instrumento de su vulva y como ella me lo pidiera fui metiendolo muy poco a poco por esa otra puerta. No se imaginan el paraiso que es eso de probar por primera vez el culo de tu propia esposa. Ni siquiera lo había imaginado. A ambos nos dolió pero Estela no chistó y siguió en lo suyo sobre la vagina de la istmeña que ahora ya no solo gemia sino que casi gritaba.
Estela volvió a levantar un poco la cabeza: “Uuummmmm, el señor me lo está metiendo por el culo, Nancy, uuuummm, que rico es que mi marido me coja por atras mientras yo te chupo, ayyy.” Seguimos un buen rato así hasta que ella me dijo: “Vente ya, mi amor, ayyyyy, vente en mi culito, vente que yo me estoy viniendo ayyyyyy, más mi amor”. Empezo a venirse pero se quedo callada chupando con pasión el clitoris de Nancy que, a su vez, volvió a venirse entre pequeños gritos. Yo no me quede atras y pronto solté mi esperma en el culo de mi mujer.
Reposamos los tres durante un rato, felices y extasiados. Después, Estela y yo empezamos a vestirnos. Dejamos a Nancy encueradita y ahora sí al parecer de verdad dormida. Mi mujer y yo dormimos como benditos hasta el medio día. Pero cuando buscamos a Nancy en su cuarto, vimos que había recogido sus cosas y se había ido. Eso pasó tres años y ya la muchacha no volvió. Por razones largas de contar, tuvimos que volver a la ciudad de México y aquí nos hizimos swingers completos en el club de Pedro. En la próxima contaremos nuestras primeras experiencia en ese club.
Felipe y Estela
Septiembre 1, 2009 a las 2:25 pm
Felipe y Estela:
Que rica expriencia con Nancy. Felicidades por su relato. Me recordó mi expriencia con una secre que tuvimos en mi negocio. Mi esposa y yo lo hizimos varias veces con ella.
Pero ahora soy viudo y pues ya sin mi mujer no es lo mismo. Felicidades por tan buenos relatos.
Jaime Galván
Septiembre 2, 2009 a las 11:17 pm
Que barbaros, qué buena experiencia la de la sirvienta. A mi novio a mí, el novio que tenía hace dos años, nos pasó algo muy similar con la empleada de la ferrteria. Sos fabulosas las experiencias que leo a quí. Sigan mandando. Me ponen a mil.
Gaby
Septiembre 2, 2009 a las 11:36 pm
Sugerencia para el administrador:
Son muy buenas las historias swinger que aquí leo, lo que me gusta más es que son experencias swingers que suceden dentro de un club. Eso para mí las hace doblemente excitantes. A la mejor sería bueno e interesante para su pagina clasificarlas y presentarlas como una pagina dentro de la pagina, con un buen diseño e invitación a que muchas parejas más cuenten sus historias en los clubes. Sería bueno que sólo se admitieran experiencias de lo que pasa en clubes swinger y que no se publicaran las demás. Esto implicarían que sacarán la ultima, la de la sirvienta, pues no ocurre en un club swinger. Creo que bien promocionada, sería esta nueva pagina un exitazo pues acudirían a ellatodas las parejas que asisten a clubes swinger. Además, si el adminstrador cuida que se siga manteniendo el buen nivel de respeto en las experiencias sería magnifico. Promocionando bien esta pagina de experiencias dentro de clubes, habría miles de lectores.
No ´se que opinen las demás parejas swinger que asisten a clubes swingers de la ciudad de México o de algunos otros lugares. Tal vez sería la primera pagina en el mundo así.
Que dicen los de apple.
Rafael y Claudia
Septiembre 3, 2009 a las 12:49 am
Compartimos la opinión y con gusto tomamos cartas en el asunto.
Lamentablemente cada día son mas los post que poco aportan y que a lo mas externan su opinión.
En el caso especifico del ultimo relato, fue aprobado teniendo en consideración el excelente trabajo y tiempo invertido por la pareja que amablemente nos hizo el favor de hacerlo llegar. Pero al igual que ustedes, lo consideramos fuera de lugar.
No obstante queremos puntualizar que el objetivo de esta pagina NO ES convertirla en un sitio de relatos, estamos interesados en recopilar opiniones, comentarios y sugerencias sobre los Clubes, sobre el estilo de vida swinger y como han resuelto los inevitables inconvenientes que todas las parejas que incursionan a este estilo de vida tienen que superar.
Que sean las parejas las que comenten como hicieron para enfrentar los celos, las dudas, los riesgos y el convertirlo en su estilo de vida.
Agradecemos sus comentarios y sugerencias.
Apple Clubs Moderador
Septiembre 3, 2009 a las 12:34 pm
Nos sumamos a la propuesta de Rafael y Claudia. Que se haga una buena pagina para experiencias de parejas dentro de los clubes swingers. Una buena pagina que no esté tan escondida como esta. La entrada a apple clubs está muy poco visible y más a estas experiencias y a información sobre el mundo swinger como la que eníó Susana y que ya está muy visible en muchas paginas liberales españolas. Es más, hay una pagina que ha españolizado la información y la presentan como si fuera una estadistica e investigación hecha en Cataluña.
Bueno, no importa donde, pero me sumó a la propuesta de Claudia y Rafael.
Nosotros somos pareja swinger de Torreón y vamos de vez en cuando al Distrito y vamos al club de Pedro. Nos estamos animando a escribir algo de nuestra primera experiencia ahí. Maty, mi mujer, esa primera vez se enojó conmigo por llevarla a ese lugar. Me dejó de hablar esa noche, pero después no pudo negar que se había excitado muchísimo. La segunda vez ella me dijo que si tanto me gustaba, pues ella aceptaba ir, pero sólo por mí. Esas dos primera veces no hizimos más que mirar. Pero a la tercera Maty ya se animó y lo hizimos entre nosotros pero aceptó caricias de otro. La cuarta ya se dejó ir y yo también y así nos volvimos swingers.
Creanme que no nos arrepentimos para nada. Nos encanta.
Sergio y Maty
Septiembre 3, 2009 a las 2:44 pm
Somos una pareja de Hermosillo, Sonora. Hace ocho días, después de leer aquí las historias swingers y todo lo demás que hay en esta pagina, nos empezamos a convencer mutuamente de asitir a un club en chilangolandía.
Llegamos al Coliseum. Mi marido nervioso, yo aterrada. El tiene 38 y yo 37. Mauricio es alto y de buen cuerpo, aunque tiene cara de niño bobo. Es atractivo para algunas y para otras no. Yo no soy un cuero, pero llamo la atención por mi cuerpo. Tengo bonitas piernas, largas, morenas, muy bien moldeadas. Cintura pequeña. Pechos grandes sin ser exagerados. Ni modo, tengo poca pompa. Soy morena y de estatura media.
Llegamos al club sólo por curiosidad, pero ya estando a la entrada estuvimos a punto de arrepentirnos. Estuvimos muy cerca de decirle al taxista que no regresara al hotel. Pero es el caso es que ya nos ibamos cuando vimos entrar a una pareja a esa puerta de mala muerte con tipos de seguridad a la entrada. La pareja iba muy bien vestida y era de condición social desahogada. Eso nos animó y entramos atras de ellos.
Nos llevaron a una mesa que es como un gabinete con forma de herradura. La pareja a la que seguimos estaba en ese mismo gabinete en el que caben como cuatro parejas. El lugar era una especie de discoteca con una pista donde bailaban unas treinta parejas de todas clases sociales.
Con las bebidas, mi marido y yo nos empezamos a relajar y luego hasta nos animamos a bailar un rato. Después nos sentamos de nueva cuenta en nuestra gabinete y pedimos nuevos tequilas. Estabamos ya muy tranquilos y hasta contentos. Y no me molestaba ver que algunas parejas en tanto en la pista como en sus mesas se daban unos tremendos fajes, más aún, eso empezaba a excitarme.
“¿Es la primera vez?”, me preguntó mi vecina. Era elegante, de mi edad, guera y de buen ver.
“Sí, nunca habíamos venido antes. ¿Ustedes?”.
“Nosotros venimos cada ocho días”.
Así se inició la charla con esa pareja. Ella se llamaba Bernarda y él Gabriel. Fueron muy atentos, muy amables y nos iban contando como funcionaba el club swinger.
Gabriel me preguntó si nos gustaría que ellos fueran nuestros guías, dado que nosotros eramos principiantes.
“Sí, estamos de acuerdo”, respondí.
De inmediato, Bernarda sacó a bailar a Mauricio. Se fueron a la pista. Gabriel fue muy atento y jamás pretendió sobrepasarse. Sólo me contaba su experiencia en el mundo swinger. Cuando anunciaron el show, nuestras parejas regresaron. El espectáculo era muy largo y aburrido a pesar de que se desvestían dos hombres y una mujer y luego se ponian a hacer el amor en la pista.
Al acabar al show las parejas se empezaron a abandonar el lugar para bajar por unas escaleras situadas al fondo del local. Nuestros guias nos dijeron que el cuarto oscuro estaba situado abajo pero que como podía ser muy fuerte para los principiantes, ellos que eran nuestros guías se quedarían con nosotros.
Al poco rato dejamos de charlar. Y ello se acercaron más a nosotros. Los teníamos ahora pegados en el gabinete.
Él procedió a abrazar a su mujer, a besarla, a decirle cosas cachondas, a lamerle el cuellos, todo ahi a unos centimetros de nosotros.
Bernarda estaba tan pegada mí que casi podia sentir en carne propia las caricias que le hacía su marido.
Gabriel nos decía a mi marido a mi en los momentos que dejaba de besar a su pareja: “¿Verdad que está bien rica mi mujer? Y además es bien caliente, con este faje ya estará muy mojadita y con ganas de agarrar una verga, aunque no fuera la mia.”
Sin decir más, ella se se quito la blusa, se subió la falda y le bajo el cierre a su marido y le saco el pene. Lo empezó a masturbar.
“Mira que verga tan grandota tiene mi marido. Mirala bien y luego enseñame lo que tiene tu esposo”.
Como si fuera una orden a la que no pudiera oponerme. Procedi a hacer lo mismo que ella. Le bajé la bragueta a mi marido marido y se lo saque. Era mas chica que la de Gabriel, pero tambien estaba muy rica y muy parada con liquidito en la cabeza.
Ambas pasamos un rato delicioso masturbando a nuestras respectivas parejas hasta que ella me dijo: “¿Me dejas mamarsela?”. No espero respuesta, sencillamente, se cambio de lugar, con lo que quedo ella junto a Mauricio y yo junto a Gabriel. Ella se inclinó de lado y empezó a chuparsela a mi esposo y yo a gemir de calentura de solo verlo. Ella tenia sus pompas pegadas a mi cadera.
Gabriel se pegó a mi y me tomó la mano y empecé a masturbarlo. Era una delicia ese pene.
“Mira que ricas tetas tienes”, me decía mientras me quitaba la blusa y el brasiere y yo seguía masturbándolo. “Que rica estas, mi amor”, aseguró al momento que empezó a pasar su lengua por mi pezón y a meter su mano entre mis muslos.
Bernarda de pronto se levantó, mi marido estaba en extasis.
Ella volteó a verme y me dijo: “Me voy a coger a tu marido delante de ti”. Acto seguido, se bajó su tanga negra, se quitó la falda. Tenía el sexo rasurado. Le puso el condón con mucha lentitud y dandole besito y lamidas al pene de mi esposo. después, se subió a horcajadas sobre él y lo fue montando poco a poco. Mauricio también gemía.
Mientras tanto, Gabriel me acaricaba muy rico el clitoris y me chupaba los senos. Yo estaba en el paraiso viendo a mi marido disfrutar como nunca. Me moría de placer con todo lo que estaba viendo y sintiendo. Y como ya no pude más, quise imitar a Bernarda y de inmediato Gabriel se puso el condón y yo me monté y me lo metí todo de un tirón.
“¿Te gusta, mi amor?”
“Me encanta, me vuelve loca.
Así duramos un largo rato, derramando placer los cuatro. Hasta que ya no pude más y empecé a venirme como nunca en mi vida. Al ratito, me siguió mi marido que más que suspirar gruñia de placer. Ellos también terminaron muy rico.
Los cuatro estábamos exhaustos.
Nos vestimos y quedamos de volver a ir al club. Ya no nos aguantamos de que llegue ese día. Estamos excitados a toda hora. Nuestra cita es el último sabado de septiembre.
Un beso a Gabriel y Bernarda y un saludo a todos.
Susana y Mauricio
Septiembre 4, 2009 a las 5:00 pm
Nos sumamos a la propuesta, QUE SE HAGA UNA BUENA PAGINA! ¿Quien dice yo para diseñarla, pagar el host y darle mantenimiento y que no cobre?
Saludos
Apple Clubs Staff
Septiembre 5, 2009 a las 11:50 pm
Hola:
Somos Pareja del Distrito, de 39 años yo y 45 mi esposo. De verdad felicitamos a todos, a los de apple, a las parejas que opinan sobre los clubes y, sobre todo, a las que cuentan sus historias. Nosotros nos identificamos con lo que lesw ocurrió a Susana y Mauricio, a ellos en el Coliseum y nosotros en el club SW.
Debían de publicar extas experiencias en un libro y se venderían como pan caliente. A nosotros nos excita mucho leerlas.
Violeta
Septiembre 6, 2009 a las 5:21 pm
Hola:
Siguiendo la sugerencia de apple, les cuento las sensaciones y sentimientos buenos y malos que yo tenía las primera veces que mi marido y yo asistimos al club de Pedro:
SENSACIÓN MALA: sentía que yo estaba haciendo algo malo, algo amoral, algo sucio.
SENSACIÓN BUENA: me sentía agusto en ese ambiente de luces bajas, de sombras donde las parejas no se detenían ante nada.
SENSACIÓN MALA: consideraba que si mi marido me llevaba ahí para compartirme con otros, era porque en realidad no me quería y me consideraba una puta o algo parecido.
SENSACIÓN BUENA: ahí mismo en el club, mientras tomábamos unas copas, tenía fantasías que sólo ahí en el club me llegaban a la mente, fantasías que me excitaban mucho: por ejemplo que el hombre de al lado me tomaría ahí sobre la mesa y delante de mi marido o que le haría el sexo oral a mi marido y a otro hombre en la pista cuando bajaran las luces en la pista.
SENSACIÓN MALA: Que algo malo nos acabaría pasando pasando por el solo hecho de estar ahí en el club y que nuestros hijos se enterarían (una redada, un incendio, un asalto y cosas así.
SENSACIÓN BUENA: Cada vez que ibamos yo sentía que mi excitación aumentaba y que lo caliente le ganaba a todas las sensaciones malas.
SENSACIÓN MALA: Celos al ver que mi marido se fijaba en otras.
SENSACION BUENA: Ganas de hacerlo todo, de dejarme de llevar, se conocer mi lado bi, de dejarme conducir por un extraño o extraña.
Con todo eso luché al principio y no fueron pocas las discusiones con mi esposo esas primeras veces que asistimos. Pero adivinen qué. La calentura le gana a todo. Ahora somos una pareja swinger muy feliz al asitir a los clubes y hago todo lo que sexualmente me gusta.
Magdalena
Septiembre 6, 2009 a las 7:27 pm
Hola:
Tienen razón los de apple, si no es enchilame otra. Una pagina cuesta. Sería bonito que este lugar que se está convirtiendo por su seriedad en la mejor pagina swinger de México, tuviera un patrocinador que costeara todos los gastos. Pero ni hablar, si no se puede, seguimos así. Ojalá y alguien se anime, tendría mucho exito
Jaime Valdivia
Septiembre 8, 2009 a las 8:58 am
Bueno, pues según lo platicado con Apple, ya tenemos lista en nuestra página una sección PRIVADA para la comunidad swinger, ahí podrán libremente escribir y participar una vez que sean miembros del grupo, aquí dejo un link para descargar una guía de como ingresar por si alguien tiene alguna duda: http://www.alaluzdelaluna.net/instrucciones.pdf
O en caso de que requieran ayuda, con gusto pueden escribirme y/o agregarme al correo webmaster@alaluzdelaluna.net
Septiembre 9, 2009 a las 3:23 am
En el club swinger
Hace algunos años, La Leona y yo decidimos llevar de parranda a la viuda de un amigo, básicamente para levantarle el ánimo y para tratar de emparejarla con un amigo (ese sí estaba vivo) de La Leona, recientemente divorciado.
Después de analizar las opciones, decidimos llevarlos a un club swinger, para que de una vez se conocieran a fondo.
Fuimos al club de Pedro, entonces ubicado en Marsella y Versalles. Llegamos muy temprano y nos dieron mesa junto a la pista, para ver si el show animaba a nuestros acompañantes.
El show estuvo bastante bien, primero un niño, luego una niña (ahí me tocó tener que subir a la pista y la canija me bajó los pantalones) y por último, los dos juntos.
Así que cuando el show terminó, Roxana (la viuda) y Javier (el amigo) ya estaban en el tono adecuado para el siguiente paso.
Los mandamos a bailar y a pesar de que el ambiente estaba muy caliente, estos dos no parecían interesados en algo más que precisamente eso, bailar, así que decidimos intervenir para animarlos un poquito.
Los llevamos al piso superior, donde había poca luz, algunas mesas y un sillón en las dos paredes del fondo, donde muchas parejitas ya retozaban alegremente.
Como estos no daban color, La leona se llevó a bailar a Javier a un rincón y yo hice lo mismo con Roxana.
Obviamente, yo trataba de meterla en ambiente, le preguntaba si ya había visto a aquella parejita, que mirara a esos dos, a esos tres, etc, al tiempo que me pegaba cada vez más a ella.
El plan comenzó a funcionar, porque yo veía que Javier ya estaba muy muy pegadito con La Leona y Roxana comenzaba a frotar su pubis contra mí y a hacer algunos comentarios como “ay, hace mucho que no me sentía así, tan … tan … tan emocionada”.
Pero entonces, mientras yo trataba de calentarla aún más, las cosas se empezaron a salir del plan, porque La Leona y Javier se fueron al sillón y empezaron a cachondearse ya descaradamente.
Mientras mis manos ya recorrían sin pudor las curvas de Roxana y mis besos en el cuello la hacían temblar, ella me dijo alarmada: “¿Ya viste? ¡Creo que Javier se va a coger a tu esposa!”. Déjalos, le dije, ya se traían ganas desde hace tiempo.
Ella no podía creerlo, “No chingues, ya se la está cogiendo”, cosa que aproveché para llevarla hacia un pilar donde ella podía observar toda la acción y yo podía cachondearla ya sin ningún recato. Ella estaba hirviendo, por lo que cuando puse mi mano en su entrepierna y comencé a frotar su pubis, se empezó a contonear al mismo ritmo, mientras me abrazaba fuertemente y continuaba observando sin pestañear la escena.
“¿No sientes celos?, ya se montó encima de él y ya se la está metiendo, ¿de verdad no sientes nada?”
- No, déjalos, están disfrutando uno del otro -, le dije, al tiempo que le subía le vestidito y le bajaba los calzoncitos sin que ella opusiera resistencia alguna y seguía absorta contemplando a mi esposa cogerse a su amigo.
Al tocar su conchita húmeda y palpitante con mi mano, ella perdió las pocas inhibiciones que aún la detenían y sacó rápidamente mi pene de mi pantalón, levantó una pierna y lo introdujo casi con desesperación en el centro de su ardiente vagina.
El encuentro fue muy rápido, frenético, ella se movía con desesperación y gemía quedito, aún tratando de ser discreta en aquella habitación que ya era una variada colección de sexo en parejas, en tríos y en grupitos.
De pronto, se apretó mucho a mi cuerpo, se estremeció y al tiempo que gritaba mi nombre, su cuerpo se convulsionó y así, paradita contra un pilar, tuvo un orgasmo mucho tiempo contenido… su cuerpo se relajó y me abrazó llorando… “Tenía año y medio que no tenía relaciones… no puedo olvidarlo… aún lo quiero mucho”.
Medio nos arreglamos la ropa y regresamos a la mesa, donde ya estaban Javier y La Leona, Javier tenía una cara de apenado muy graciosa, ni siquiera se atrevía a mirarme y no pronunciaba ni una palabra. La Leona, divertida por todo el show, tomó mi mano y la metió dentro de su falda, donde su aún palpitante y desnuda conchita, me invitaba a continuar la labor de Javier, mientras decía con voz triunfal: “Bueno, ya llevo uno y voy por el otro, vámonos tú y yo para arriba y dejemos a estos que se conozcan mejor”.
Regresamos ella y yo al piso superior, donde había muy pocos lugares vacíos en el gran sillón; nos acomodamos como pudimos y de inmediato ella se montó encima de mí, sacó su caramelo, le dio unas cuantas chupaditas y comenzó a cabalgarlo como solo ella sabe.
A mi lado derecho, había una mujer solita, con un vestido delgado medio subido a medio muslo, por lo que no pude resistir la tentación de acariciarle la pierna. Ella no hizo ningún intento por retirar mi mano, más bien, después de pocas caricias, separó las piernas indicándome claramente lo que quería.
Así que fui subiendo las caricias por la parte interna de su muslo hasta llegar a su húmeda vagina, el solo contacto de mi mano produjo un leve gemido que se escapó de su impávido rostro. Fui acelerando el ritmo de las caricias, tratando de llevar el mismo ritmo de La Leona.
La Leona saltaba e iba y venía con singular alegría, en contraste con mi vecina, que seguía muy quietecita y la mirada al frente, tratando de disimular que no pasaba nada, pero cuando La Leona declaró para el mundo entero que se estaba viniendo, ella también perdió la compostura y tuvo un lindo orgasmo con gemidos contenidos y sujetando mi mano para mostrarme el ritmo adecuado de los últimos embates.
Cuando regresamos a la mesa, Roxana y Javier estaban platicando muy amenamente, después nos enteramos que habían subido a mirarnos, pero que no habían llegado hasta el rincón a donde estábamos, se habían detenido en una mesa a “conocerse mejor”.
Javier y Roxana salieron durante algunos meses, pero no llegaron a nada. Ahora vemos que en realidad no teníamos tanto interés en que se conocieran como el interés que teníamos en cogérnoslos… a fin de cuentas, para eso son los amigos, ¿no?
Tomado de:
http://depravado-lujuria.blogspot.com/2009/09/en-el-club-swinger.html
Septiembre 9, 2009 a las 9:38 pm
Hola Parejas:
Guuuuuaaa, qué relato el de Carmen. Me dejó temblando. Mi marido y yo somos swingers, pero él lo era desde su primera esposa. A veces lo hacemos los tres y en muchas ocasiones me siento como Carmen. Como si necesitara urgentemente salir de ese tipo de relaciones, pero sabiendo que la calentura siempre me va ganar.
Yo no tengo un consejo para darte, Carmen, si a veces me siento como tú. Lo que sí es que debo felicitarte por lo cachondo y sabroso que escribes.
Vuelve a escribir más, Carmen. Me masturbé leyendote.
Y a los administradores de apple les sugiero que abran un lugar para que opinen y nos cuenten del Club Masturbación porque además de lo escribió Carmen, ya algunas parajes amigas y swinger nos han hablado muy bien de ese lugar, aunque es otro concepto muy distinto a los clubes.
Besitos a Carmen y a su marido.
GUille
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No busco ni deseo contactos, sólo quiero relatar mi experiencia y pedir algún consejo a quienes lean lo siguiente.
Me presento, me llamo Carmen, tengo 34 años, soy morena clara, mido 1.72 m de estatura, peso 54 kg, uso talla 34B de sujetador, mi cabello me llega a los hombros, me gusta vestir con faldas cortas y pegadas, sin exagerar, no soy ni un remolino de pasiones ni me siento la más atractiva, ni soy una insaciable en la cama, que se va con cualquiera, soy una mujer normal que trabaja en un laboratorio médico, como asistente del presidente de la empresa, un médico muy respetuoso y medio galán que se llama Salvador Mendivil, quien trae locas a todas las chicas porque es soltero, a pesar de que ya pasa de los 40 años.
Desde hace cinco años, estoy casada con un hombre cariñoso y trabajador, mi marido se llama Gilberto Rojas, es anestesista, gana poco pero es cuidadoso con el dinero y la vamos pasando con el sueldo de los dos. En enero logramos comprar un departamento pequeño, en la colonia Narvarte, la verdad, soy afortunada con este marido, que además de casero y serio, es muy guapo, muy guapo, aunque parece un poquito afeminado.
En suma, la pasábamos bien hasta que apareció entre nuestras vidas, una de las novias de mi jefe, una tal Areli, quien viste muy provocativa y es muy guapa. No sé qué le picaría pero empezó a quererse hacer mi amiga, me buscaba, me llamaba, me invitaba a salir y yo aceptaba sólo por cortesía, imaginando que ella quería tener cercanía conmigo para saber todo sobre Mendivil, mi jefe pero luego, empecé a notar que me miraba de una manera insinuante; lo peor del caso fue que esa mirada me gustaba.
Así, salíamos un par de veces a la semana, a comer o a tomar la copa, Gilberto se enojaba conmigo porque llegaba tarde pero yo ya no podía dejar de salir con Areli. Una vez, estando en el baño de un restaurante japonés, Areli me dijo que “quería mostrarme algo”, enseguida le puso el seguro a la puerta, luego se desabrochó la blusa, me mostró sus senos y se los acarició durante un ratito.
Yo estaba muy asombrada de estar viviendo una situación así pero Areli no intentó algo más, sólo se guardó su par de senos blancos y grandes y volvimos al la mesa, aunque yo ya estaba tocada por el deseo; esa noche, le hice el amor a Gilberto pero pensando en mi amiga. Las cosas se complicaron cuando entró mi jefe en escena, ahora yo salía con los dos; para entonces, ya mi deseo por Areli me estaba trastornando pero surgió algo más.
Una noche, luego de que habíamos estado tomando en un bar de la colonia Lindavista, en el estacionamiento, la pareja me fue a llevar hasta mi coche, el lugar estaba medio en penumbra y ya me iba a subir a mi auto cuando Areli me dijo “ahora quiero mostrarte otra cosa, Carmen”. Sin decirme más y estando los dos muy cerca de mí, la mujer le bajó el cierre de la bragueta al doctor y le sacó su instrumento, que estaba parado; yo no sabía qué hacer y permanecía ahí parada, mirando el falo de mi jefe hasta que al fin, atiné a subirme a mi coche y otra vez, esa noche también le hice de todo a Gilberto pero ahora pensando en el doctor Mendivil.
Las cosas se empezaron a poner peores y yo salía cada vez más con la pareja, en no pocas ocasiones siguieron con ese juego de mostrarme algo y cuando lo hacían, yo trataba de no demostrar algo de excitación pero llegaba a casa arañando las paredes de calentura. Una vez, mi jefe me preguntó por qué no invitaba a mi marido a salir los cuatro el próximo viernes mientras Areli aseguraba “es tan guapo tu esposo, Carmen”.
Ahí estuvimos los cuatro aquel viernes, en un restaurante italiano, era muy temprano y todos tomábamos mucho vino. Cuando Areli y yo fuimos al baño, oí la temida frase, al decirme “mira, Carmen, te quiero mostrar algo” y después de cerrar con seguro, ahí, a la mitad del pequeño baño, se subió la falda y se bajó su tanga negra por unos minutos, al tiempo que se tocaba y se acariciaba su sexo, depilado al 100%. Yo nada más tragaba saliva y mi excitación total me enrojeció el rostro pero no hubo más, luego Areli se acomodó la ropa y volvimos a la mesa, donde los dos hombres charlaban amigablemente.
Acabó la comida y como a las 6 de la tarde, el doctor Mendivil nos dijo “hay algo que les queremos mostrar”; yo me quedé petrificada y el médico agregó “es un club donde la podemos pasar de maravilla”, desde luego que para mí hubiera sido imposible negarme. Nos fuimos los cuatro en el coche de ellos y llegamos al lugar, por la colonia Escandón, enseguida pagaron una cantidad y entramos, a ellos ya los conocían en la entrada.
Nos sentamos en un lugar que tenía unas bancas corridas y pegadas a la pared, parecía un gimnasio, un salón de danza o algo así porque era de duela y tenía espejos en las paredes, había unas diez parejas más y todos hablábamos como en voz baja, como si hubiera de ocurrir una ceremonia; las parejas eran agradables y fueron llegando más, casi todas de clase alta. Al cuarto para las 8 de la noche, nos pidieron que pasáramos a otro cuarto donde había unos veinte lockers divididos por tabla roca, donde nos pidieron que nos pusiéramos las batas que colgaban de un perchero y que dejáramos nuestras ropas en los casilleros.
También nos dijeron que nos dejáramos las tangas nosotras y ellos, sus calzones, enseguida yo miré a Gilberto y él a mí pero ninguno de los dos dijo algo y procedimos a hacer lo que aquella dama atractiva y cincuentona nos ordenaba. No se podía a ver a las demás parejas desnudándose, debido a los muros de tabla roca que separaban a cada pareja pero sí se les podía oír, algunas reían, otras seguramente se besaban por los chasquidos, otras salieron casi de inmediato y se dirigieron de nuevo al salón.
Para nosotras las mujeres, las batas deportivas eran cortas y blancas, al tiempo que la de ellos era más larga y azul. En el salón, volvimos a encontrar a Areli y a mi jefe, entonces ella nos hizo una seña para que nos acomodáramos a su lado, en una esquina del salón. Así lo hicimos y nos siguió una pareja joven de un hombre pelado a rape, muy atractivo con su chica, una mujer muy chaparrita, casi enana pero súper guapa y escultural en miniatura; yo estaba nerviosísima.
Después, una chica rubia pasó y tendió a nuestros pies, una especie de colchoneta, una para cada uno de las cuarenta personas que estábamos ahí, veinte parejas, luego pasó por segunda vez a poner una especie de almohadas, más bien cojines duros con las formas de los que dan en el avión. A continuación, puso rollitos de papel muy coquetos y una especie de basurero floreado muy simpático, al lado de las colchonetas mientras todos seguíamos sentados.
Al final, ella nos comentó “mi nombre es Mirna y les doy las bienvenida a una más de las sesiones del Club de Masturbación, mi esposo y yo lo fundamos hace ya un año, luego de investigar en las culturas griegas antiguas que hacían este tipo de prácticas”. Mirna siguió hablando con voz muy suave, sugerente, agradable, luego entró su marido Moisés y también nos platicó, con tono como de filosofo que sin embargo, fue cambiando hasta convertirse en algo más cachondo.
Él nos platicó “lo único prohibido aquí son los fajes y las penetraciones, esto no es un club swinger, es uno de masturbación y nos masturbaremos solos, ayudados por nuestras parejas, por otros amigos o por desconocidos, hemos venido aquí para masturbarnos, con las manos, con las bocas, con las lenguas, con lo que quieran y para calentarlos a todos, empezaremos nosotros”. Nos pidió que nos acostáramos en nuestras colchonetitas, así lo hicimos y colocamos nuestras cabezas en esos altos cojines muy cómodos, que se amoldan a las cabezas, además pusieron una música muy suave.
Acto seguido, el hombre también se acostó y se empezó a tocar sobre su calzón azul y todos lo veíamos, el tipo estaba buenísimo y sabía provocar. A su lado, su mujer, Mirna, procedió a abrirse la bata y a darse masaje en sus pezones grandes y oscuros, había un silencio total, solo se oía la respiración de las parejas mientras la cincuentona, de cuerpo escultural, no paraba de tocarse los pechos y ahora empezaba a hablar, diciendo “me calienta saber que me miran y saber que mi esposo esta a mi lado, haciendo lo mismo que yo, me calientan tanto mis tetas, me calientan todos ustedes mirándome y ver como mi esposo se va a sacar la verga para que ustedes se la vean”.
En efecto, el marido la sacó y era súper grande, luego siguieron masturbándose los dos hasta que él decidió ayudarla, asegurando “esta bien mojada” y le metió varios dedos, enseguida ella comenzó a gemir suavecito y bien rico. Así estuvieron un rato hasta que él dijo “si alguna o alguno de los presentes esta noche, quiere ayudar a mi mujer o a mí, serán bienvenidos”; pronto, la chaparrita se acercó al centro a gatas y comenzó a besarle y luego, a lamerle el falo al anfitrión, también un hombre mayor se acercó a la cincuentona y comenzó a masturbarla.
Todos veíamos hipnotizados pero a poco, se bajó la luz y el anfitrión comentó “ahora les toca a todos ustedes, primero relájense un momento y luego déjense ir”; para entonces, yo estaba súper caliente, mi marido estaba a mi izquierda y mi amiga Areli a la derecha, había una gran expectación. También miré a Areli, quien se había abierto la bata y bajaba su mano por su abdomen mientras mi jefe ya tenía su cosa de fuera y se la masturbaba lentamente.
La pareja de la chaparrita ya estaba de nuevo en sus colchonetas, masturbándose de lo más rico y los anfitriones, ahora en silencio, lo seguían haciendo en el centro sin parar. Sin pensarlo, me abrí mi bata y sentí tan rico rozar mi piel, masajear mis pezones con las yemas de los dedos e ir bajando la mano izquierda por mi abdomen; estaba muy a gusto cuando sentí la mano de mi marido posarse sobre la mía en mi sexo, luego su masaje en mi clítoris y vi como Areli se metía los dedos muy suavemente, nadie gritaba, solo suspiros, como si todas las parejas debiéramos ir muy suavemente. Muchas parejas estaban ya ayudando a otras, sin besos, solo con caricias en penes y en vaginas.
En eso estábamos cuando mi jefe y mi amiga se movieron sin levantarse y ella se puso frente a Gilberto y Mendivil frente a mí, enseguida empezaron a masturbarnos con una maestría maravillosa pero de la masturbación con las manos, pasaron a usar las lenguas y los labios. Ella le hacía sexo oral a Gil y mi jefe a mí, ahí me volví una desquiciada del placer y no tardé sino unos minutos en venirme con un orgasmo largo y delicioso como ningún otro, después me recuperé en segundos y entonces cambiamos, ahora fui yo la que le comencé a chupar el pene, era la locura y continuamos hasta que mi marido se vino en la boca de Areli y mi jefe en la mía, para morirse de placer.
Volvimos casi todas las parejas a sus respectivas colchonetas y meditamos un poco guiados por los anfitriones, ya luego nos vestimos todos y salimos antes de las once de la noche, todo había sido genial. Nos llevaron a nuestro coche pero en lugar de despedirse, ellos nos pidieron que los siguiéramos hasta la casa de mi jefe, en Las Lomas, para tomarnos una copa y comentar los incidentes dentro del club; así lo hicimos pero en cuanto entramos a la casa, ellos nos llevaron a un cuarto como de ejercicios y pronto, Areli sacó dos colchonetas igualitas a las del club y dijo “yo quiero otra vez”.
Sin más, los dos se desvistieron y empezaron cada uno a tocarse su cuerpo pero ahora, jadeando y diciendo peladeces cachondas, era tan erótico verlos que pronto Gilberto se denudó y también me ayudó a hacerlo a mí. Para entonces, Areli se metía tres dedos y el medico movía su mano frenéticamente. De pronto, ambos pararon y mi jefe dijo “ayúdenos”; ni tarda ni perezosa, yo me hinqué y me iba acercando a él para volver a hacerle sexo oral cuando su voz me dejó paralizada diciéndome “no, así no, al revés” y dirigiéndose a mi marido, le pidió “ven Gilberto” y le extendió la mano a él, que estaba de pie e indicándome “tú ve y mámasela rico a Areli, Carmen”.
Yo me quedé fría pero me puse de pie, desde luego yo no iba a hacer algo semejante pero vi algo extraño en la mirada de Gilberto, sus ojos estaban clavados en el miembro de mi jefe, que es grande y muy grueso, de cabeza muy ancha y no di crédito, mi marido fue el que ahora se arrodilló y se fue acercando. Para mi alarma, tomó el pene de Mendivil con una mano y se la comenzó a jalar, al rato ya se la estaba chupando fascinado mientras yo estaba ahí parada, sin saber qué hacer pero debo reconocer que ver a mi marido haciéndole sexo oral a mi jefe, me estaba súper calentando.
A continuación, Areli me indicó “te quiero mostrar algo, Carmen” y se abrió los labios de su vagina, enseñándome su clítoris y diciéndome “ven, comételo”. No sé qué pasó pero ya no pude más, enseguida me hinqué, pegué mi boca al sexo de Areli y comencé a comérmelo, a chupárselo, a mordisqueárselo, sintiendo un placer incontrolable, nuevo y único. Así seguimos hasta que ella se vino en mi boca y su galán, mi jefe, lo hizo en la de mi esposo, después, ya fuera de mí, acomodé a mi esposo boca arriba y me subí en su pene cabalgándolo hasta que ambos nos venimos en menos de tres minutos.
Lo que ha ocurrido y por eso pido consejo, es que cada quince días se repite la rutina, en el Club de la Masturbación todo es espiritual, como si fuera yoga y masturbamos y nos dejamos masturbar por varias parejas y luego, en la casa del doctor, todo es salvaje, incluso ya en dos ocasiones, el médico ha penetrado a mi marido, que se vuelve loco de placer. No sabemos cómo parar, nos encanta pero ya nos hace sentir mal la situación, aunque nunca faltamos a la cita de cada quince días, ¿a alguien le ha pasado algo similar?, ¿estamos enfermos y condenados a vivir el sexo así?, alguien que haya tenido una experiencia similar, que nos aconseje, nos gusta pero nos sentimos pésimo.
Carmen
TOMADO DE:
Septiembre 11, 2009 a las 1:16 am
Apple:
Perdonen ustedes, yo misma copie el relato de otra pagina y lo subí a esta pagina como hizieron ustedes con otro. Lo trajé aquí porque es bueno y porque me identifiqué con Carmen que es quien lo escribe y a quien no conozco. No recuerdo el orden en que subi el relato y mi respuesta.
Sorry.
Guille
Septiembre 11, 2009 a las 2:03 am
Ok Guille, hecha la aclaracion lo podemos resolver!
Una regla para poder hacer eso, es poner el LINK de donde se publico/ tomo el relato, no pretendemos plagiar los contenidos de ningun sitio, pero si les damos los creditos respectivos la situacion cambia!
Tambien es muy importante para nosotros el que el correo que proporcionan en el formulario, ya que mantener limpio el blog de spam es una tarea que nos toma tiempo todos los dias y lo ultimo que queremos es que se pierda la calidad y tipo de contenidos.
Reciban un saludo de nuestra parte.
Les pedimos republiquen el relato de Carmen, anteponiendo su comentario, previo al relato, y la final de el, la direccion completa de la pagina de donde lo tomaron.
Saludos
Apple Clubs Moderador
Septiembre 16, 2009 a las 10:02 pm
Buenas tardes:
Mi experiencia es muy sencilla, después de ir al club con mi mujer durante dos años seguidos cada quince días, casi siempre al de pedro, un día ya no pasó nada. Dejó de pararseme y mi señora también perdió el interes. No se qué habrá pasado pero así fue.
Ayer 15 fuimos por no dejar y me costó trabajo tener buena erección, ella casi no estaba mojada y tan tan
Gabo y Marinela
Septiembre 18, 2009 a las 6:28 pm
Hola pareja swinger:
Mi nombre es Carlos, tengo 33 años, soy ingeniero y quiero preguntar algo a las parejas.
Hace 1 mes fuimos con mi esposa por primera vez a un club sw, el de Pedro. Estábamos muy nerviosos. Más ella que yo. El lugar nos pareció una disco normal. Tomamos unos tequilas. Mi mujer estaba todavía nerviosa, pero se empezó a relajar. Lucía muy guapa. El pelo en cola de caballo, faldita corta oscura. Muy linda. Cuando llegó el show, se empezó a sentir muy incomoda, pero no nos pedía que nos fueramos. no les queitaba la vista a los strippers.
Al acabar el show, no se me ocurrió otra cosa que llevarla a la pista semi vacía. Mi sorpresa fue mayúscula cuando la noté excitada como nunca. bailábamos y yo la acariciaba y ella respondía con muy ricos gemidos. Le acariciaba las pompas y ella sew dejaba sin importar que como cuatro parejas hacían lo mismo que nosotros en la pista. Tremendos besotes nos dabámos y yo ahora le acariciaba los pechos.
Así transcurrieron como cuatro piezas hasta que notamos la cercanía de una pareja. Era una pareja muy dispareja. El hombre era un gigantón como de dos metros y la chava muy chaparrita, bustona y bonita. Se fueron pegando a nosotros. Llego un momento que senti la mano de ella acariciandome de vez en cuando el trasero entre vuelta y vuelta. Estabamos bailando pegaditos con musica muy calmada. Luego ello ya no se despegan de nosotros. Yo seguía tocando los pechos de mi chica por encima de la blusa. Noté que el gigantón ya le había desabrochado la blusa a la chaparrita que no traía brasiere y le acariciaba los pechos muy rico.
Así seguimos como unas tres piezas más, pero ahora ya casi no nos movíamos. En la penumbra de la pista ya solo quedabamos nosotros y la otra pareja, las demás se habían ido al cuarto oscuro. Ya casi no bailabamos y nos besábamos intensamente. Mi mujer miraba de reojo a la pareja, igual que yo. El gigante avanzaba cada vez más, pues se había sacado su miembro y la chiquita lo masturbaba gimiendo de placer. Era un pene el doble de grande que el mio.
Me atreví a a desabrochar el brasiere de mi mujer y a desabotonar su blusa. Nos besábamos sin parar, veiamos a los vecinos. Era toda una experiencia. Yo también me saque mi pene. Mi mujer no lo acariciba, simplemente me dejaba hacer a mi que comencé a besarle y chuparle los senos.
La chaparrita, se agachó y comenzó a hacerle sexo oral a su hombre. El gigante parecía inmenso, levantaba la cabeza como mirando hacia el techo y murmuraba cosas al sentir la caricia de su chava chupando.
De plano, mi mujer, mientras yo le lamía bien rico sus senos, no dejaba de contemplar la escena que sucedía a unos centimetros de nosotros.
Me atreví luego a meter mi mano entre sus piernas y al llegar a su tanga la encontre no mojada, empapada. Nunca había mojado la tanga así. Le acaricié un ratito. Le di masaje en el clitoris y ella gemia bien rico.
La charrita se incorporó y siguió masturbando al hombre. Pero este se carecó todavía más a nosotros. Quedp pegao a mí y la choca ahora si de plano pegada a mi mujer. El tipo extendio su manaza y sin decir nada comenzó a tocar los senos de mi esposa. Ella se quedó como paralizada pero no se negó a la caricia. Yo saque mi mano de donde la tenía. Crei que en cualquier momento mi esposo rompería esa caricia pero no paso así, los minutos avanzaban y el gigante con delicadesa acariciaba los pechos de mi mujer. Yo me acariciaba a mi mismo mi pene hasta que, zas, sentí la mano de la chaparrita sobre la mia en mi herramienta. Me la empezó a jalar de lo más delicioso hasta que luego de un rato ella me jaló y se rompió la formación que teníamos y de pronto me encontré abrazando a esa mujer y tovcandole los pechos mientras ella me masturbaba.
Mi esposa se debaja acariciar los senos nada más, aunque se veía que ya no podía más de excitación.
El individuo, tomó la mano de mi mujer y la llevo a su pene. Y yo tuve que soportar el ver como mi esposa linda lo comenzaba a masturbar. Nunca la crei capaz de algo así. La chaparrita me besaba el cuello y me jalaba el pene con gran maestria, incluso tuve que deterla un par de veces para que yo no me fuera a venir. Mi esposa etsba bien colorada y evitaba mirarme.
De pronto, el tipo la tomó de la mano y se la llevó. Caminaba él con aquel garrote de fuera. Se la llevó a su mesa que estaba en el fondo, en la parte más oscura del club.
La chaparrita seguía acariciandome y yo le besaba ahora sus pechos bien grandes y duros. Ella me dijo “la tienes chiquita, pero rica” y siguió jalandome el pene de lo más sabroso. Pero pasados unos minutos yo me desconcentré porque no veía a mi mujer, porque tenía celos, por quien sabe qué, pero yo tomé la mano de la chaparrita y me dirigí hacia donde estaban ellos.
“Tienes celos horribles, pero al mismo tiempo te calienta saber que se van a echar bien rico a tu mujer ¿verdad?, me dijo ella y no supe qué contestar. Cuando llegamos a la mesa, el espectáculo no podía ser peor. Estaban de pie. El gigante tenía a mi mujer abrazada por atrás con las manazas en sus pechos. Le movia las caderas pegandole su pene inmmenso a las nalgas. La chaparrita, de inmediato quitó los vasos y cosas que estaban sobre la mesa redonda y los puso en otra. Todo estaba en penombra. Ahora sí mi mujer me miraba a los ojos. Tenía la blusa casi de fuera. El tipo la agasajaba de lo lindo. Se retiró un poquito hacia atras y sacó un condón de su pantalón y se lo puso. Volvió a pegarse y volvió a estrujar los pechos de mujer que no paraba de gemir.
La chaparrita quiso besarme y acariciarme pero yo no podía responder, tenía escalofria y hasta miedo. No se me paraba. Menos aun cuando el gigantón fue subiendo la faldita de mi chava y peor cuando la fue doblando. Casi lloro al ver el rostro de mi mujer, al verla por voluntad dejándose doblar y reclinarse sobre la mesa, con parte del abdomen psado en la mesa, los pechos y su carita lujuriosa mirandome.
El gigante, siempre desde atrás, le quitó la tanguita blanca y transparente y se la dio a la chparrita que a la vez me la puso a oler. La mujer y yo estabamos ahí casi sobre la mesa también viendo lo que habría de venir. Yo estaba temblando y con el pene flacido. No sabía que hacer.
El hombre le abrió las piernas a mi esposa. Se acomodó y empezo a jugutear con su pene acercandolo y alejandola de la vagina de mi esposa. Ella me miraba. La chaparrita me decía cosas sucias al oido. “Mira que caliente esta tu mujercita, la esta pidiendo a gritos”. Era verdad, sus semblante no dejaba lugar a engaños. estaba pidiendo ser follada por aquel hombre. Sus gemidos se convirtieron en un suspiro delicioso cuando el tipo se la empezó a meter poco a poco. Mi mujer la recibía con un placer que yo creo que jamás había sentido.
De los gemidos, mi esposa pasó a las palabras, cosa que nunca había hecho conmigo. “Así, así, rico, así, más, así, que grandota, que rica, que grandota, más”.
La chaparrita volvió a la carga y yo descubri que ya se me había vuelto a parar de ver así a mi mujer. La chaparrita sonrió al sentirmela erecta, pero hizo algo que yo no esperaba, me jaló y acercó mi pene a la cara de mi mujer.
Mi esposa parecía ida con el placer que estaba recibiendo, con el ritmo lento y suave con el que aquel individuo se la metia y se la sacaba, se la volvia a meter para moverla en circulos.
La chaparrita dijo: “Anda, es muy chiquita, pero es la única que tiene tu maridito que esta super prendido de verte así con mi hombre, chupasela un poquito”.
Mi esposa atendió y abrió la boca. Yo le meti poco a poco mi pene. El hombre empezó a embestirla ahora mucho más fuerte. Y mi mujer a gemir como loca con mi pene en su boca.
Desafortunadamente, como no puedo aguantar mucho, me vine ahi mismo, muy rapido y mi mujer se trago mi esperma. El gigante siguió pentrandola y ella tuvo su primer orgasmo. El tipo bajo un poco el ritmo pero al poco tiempo volvió de nuevo y mi mujer a volver a gemir y luego hasta gritar y decir cosas cochinas del puro placer que estaba experimentando.
La chaparrita se había colocado tambien medio reclinada en la mesa frente a la cara de mi esposa. Los dos rostros estaban frente a frente pegaditos. La chaparrita le decía cosas a mi señora, primero solo le hablaba pero luego le empezó a dar besitos. Se daban besitos en la boca mientras el hombre no parecía que fuera a acabar nunca. En esa misma postura se vino otras dos veces más y yo estaba sentado en la mesa contigua sintiendo una mezcla de tristeza y coraje.
Al fin, el hombre se vino. Le saco el pene y le dio una nalgadita a mi mujer. me sentí humillado, un idiota al ver reacomodarse las ropas a mi mujer que tenía un sonrisa de esquina a esquina.
Nos tomamos una copa más y vimos como la pareja salia del cuarto oscuro. Se despidieron de nosotros.
Pues así fue, pero que creen, resulta que mi mujer, cuando saliamos del local me puso una carota y luego hasta empezó a llorar cuando entrabamos a la casa. Casi me da una cachetada diciendome que yo no la quería, que como era posible que la llevara a esos sitios, que como yo había podido aceptar que alguien le hubiera hecho lo que le había hecho aquel hombre, que yo nunca la había amado. Mi mujer lloró de verad durante varios días. Esta deprimida y se que no esta fingiendo, pero me culpa a mi de todo.
Yo la verdad no se que hacer. No me habla y me culpa a mi de todo. ¿Alguna pareja ha vivido algo similar.?
Carlos
Septiembre 19, 2009 a las 3:00 am
Carlos:
Yo he vivido algo muy parecido. Mi esposa siempre me decía que lo hacía sólo por complacerme a mi, que a ella no le gustaba y que se calentaba solo para que yo disfrutaba. Una vez hasta le hizo sexo oral a Pedro. Pero siempre que saliamos del club me decía que no volveríamos y se enojaba como diciendome que el degerado era yo. Y también me decía que yo no la amaba ni la quería. Ningún hombre que amé de verdad a su mujer permitiría que otro y menos que otros hombres le hizieran el amor.
Siempre que ibamos al club parecía que iba a fuerza ´pero en el momento de la accion se transformaba y lo hacia con hombres y mujeres y se la pasaba super caliente. Pero al salir del cuarto oscuro todo cambiaba. Un día, sencillamente, dejo de querer ir al club y hace dos años que no vamos. Quién entiende a las mujeres.
Emilio
Septiembre 20, 2009 a las 4:26 pm
Mucho gusto a todas las parejas, descubrimos esta pagina apenas la semana pasada, nos la recomendó una pareja swinger amiga. Felicitamos a apple por el buen cuidado de los comentarios, por la aportación de Susana que es de verdad muy buena, pero sobre todos por los relatos que cuentan las experiencias en los clubes. Son super cachondas.
Pero mi mujer y yo les recomendamos que incluyan un lugar más que no es un club pero que para nosotros es lo mejor que hay en México. Se trata del club de la masturbación y acabamos de conocerlo apenas la semana pasada gracias a la mismpa pareja que nos recomendó está pagina.
El club de la masturbación es otra cosa, otros concepto. Nada de bebida, nada de bar, nada de disco. Es algo como mistico. No hay intercambio de besos y fajes, solo ayudar o ser ayudado en la masturbación. Las parejas tienen un alto nivel educativo y hay mucho silencio, mucha calma, como mucha meditación y es algo casi magico. No se anuncian en ninguna parte y tienes que sacar cita con anticipación para poder ir a una de sus sesiones. Para nosotros es tan bueno el descubrimiento que creemos que ya no iremos a clubs. Ojalá y abran un espcacio para el Club de la Masturbación, a ver si otras parejas comparten sus comentarios sobre ese lugar y lo que ahí vivieron
Septiembre 21, 2009 a las 1:49 pm
Hola:
Yo noy un experto en tecnología, pero se me ocurre proponer que se haga aqui un concurso internacional de experiencias sucedidas dentro de los clubes swinger. Que el concurso se difunda por la red para que entren españoles, mexicanos del otro lado de la frontera, argentinos, etc. Y que el premio sea una noche en el gparty y que ahí se lea la experiencia.
Qué le parece a todos y los administradores de esta buenísima pagina.
Mario
Septiembre 21, 2009 a las 5:16 pm
Por nosotros encantados, habra que diseñar y poner las bases, y generar una campaña de difusion y para la cual requerimos de su ayuda.
Envien el link del sitio a sus contactos
http://appleclubs.wordpress.com/
Conviertanse en fans de nuestra pagina en Facebook
http://www.facebook.com/SwingersFAQ
Agreguenos en su Twitter
http://twitter.com/swlatin
Y para que siga creciendo necesitamos MAS relatos y menos solo-lectores.
Gracias por el interes.
Apple Clubs Moderador
Septiembre 21, 2009 a las 5:21 pm
Le hemos pedido a nuestra experta en Psicologia nos ayude, en breve incluiremos una nueva seccion donde podran consultar y compartir experiencias existosas de como se consiguen superar incidentes como el que Carlos relata.
Gracias Carlos y Emilio por compartir sus experiencias.
Saludos
Apple Clubs Moderador
Septiembre 22, 2009 a las 1:16 pm
Apple:
Buena idea lo de la psicologa, asi podría complementar lo del concurso de experiencias ocurridas dentro de un club. Mi experiencia como swuinger es reducida pero incitante. Fui por primera vez al club de Pedro porque me llevó mi amante, una mujer casada que es doctora y que simulaba tener noche de guardia en el hospital en el que trabajaba y nos ibamos al club. Su marido ni en cuenta.
Ya en el club, la doctora se soltaba el chongo. Más que intercambiar, lo que le gustaba era exhibirse. No le gustaba mucho que otras y otros la tocaran, sólo a veces lo permitía. Lo que le encantaba era que la vieran. Cuando estaba más excitada en la noche, podía abrir las piernas totalmente y masturbarse bien rico mientras algunas parejas la observaban. Desde luego, ella y yo haciamos el amor al menos un par de veces. Pero en realidad lo que más la volvía loca es que la miraran acariciandose.
La última vez que fuimos al club, hace como dos meses, desde que abrieron el cuarto oscuro, tuvo público y los dos la pasamos de lujo siendo observados.
Mario
Septiembre 23, 2009 a las 2:47 pm
Hola:
También me adiero a la presencia de la psicologa en este foro. Nos encantaría que analizará las experiencias en los clubes.
Por ejemplo la nuestra: Llevamos dos años de pareja swinger. Somos novios. Yo tengo 29 y Patricia 24. Iniciamos por curiosidad, por ir a ver lo que pasaba y así llegamos al club de Pedro y luego al Coliseum. La verdad es que las primeras veces solo mirábamos. Ya después nos atrevimos a hacerlo solo entre nosotros en el cuarto oscuro. Pero Lety no dejaba que nadie la tocara. Todo estaba muy bien así, no era nuestra intención intercambiar.
Pero una noche, todo cambió. Al lado de nosotros estaba una pareja ya madura, pero agradables y nos hizieron la platica. El señor tendría más de cincuenta pero estaba muy conservado, su mujer era bonita pero media gordis.
Todo era muy respetuoso entre nosotros hasta que acabó el show y se bajaron las luces. Lety me dijo que desde luego no quería nada con ellos. ´
Pero el señor se pegó a mi novia y le empezó a hablar quedito al oído. Luego más fuerte para que yo oyera. El señor ni la tocaba pero le hablaba. Y qué creen qué le decía? Pues puras groserías eróticas. Mi novia estaba roja, pero las seguía oyendo. Y yo también.
El caso es que mi chica, que nunca ha sido mal hablada, se excitó como nunca y acabó haciendolo con el señor. Yo desde luego con la esposa. Lety estaba fuera de sí. Nunca se había calentado tanto.
El descubrimiento había sido mayusculo. A partir de entonces cada vez que ibamos al club, en cuanto acababa el show, yo le empezaba a decir cosas leperas y sexuales y ella reaccionaba de inmediato y se atrevía a todo.
Hoy, las veces en que alguien, además de mí, le habla con groserías son las que más disfruta. La última vez fue una mujer la que le habló así, es la vez que Lety más se ha excitado. Pasó fuera del cuarto oscuro, una pareja se nos acercó y la chica le dijo a Lety “A mi marido le gustan mucho tus tetas que han de estar bien ricas, te las quiere mamar, ¿Te gustaría?”. Desde luego, Lety se encendió y se dejó hacer de todo y la mujer no paró de hablarle durante toda la relación que mi novia tuvo con el marido de la desconocida.
Esa misma noche, platicamos con otra pareja y ella nos contó que también le gustaba y le excitaba que le hablarán así. Nos dijo también que era algo muy común en muchas mujeres.
Qué nos dice la psicologa
Un saludo a las parejas.
Almilcar y Lety
Septiembre 24, 2009 a las 9:46 pm
Buenas tardes:
Yo tengo ya 42 años y soy swinger con mi novio, o bueno pues con mi amante. Vamos de vez en cuando al desden y si nos gusta y yo le preguntaría a la psicologa porque me gusta que me dominen, especialmente en el club. No que me amarren y muchisimo menos que me peguen o que me insulten, pero sí sentirme que me obligan. Eso me excita, sentir como que yo no quiero, pero que no me queda otra. Sentir que mi excitación es contra mi voluntad es algo que me excita. Imaginense que lio. Me gusta que un hombre me diga cosas fuertes. No sé por que. Me gusta que no me pidan permiso. Pero eso yo lo supe hasta que fuimos al club, antes ni lo sospechaba. Lo que no me gusta, es ahi donde no entiendo, ex cuando mi novio, quiere dominarme, ahi ni me excito ni me dejo. Es mu raro. Bueno, pero el caso es que nos la pasamos rete bien en el club.
Gina
Septiembre 25, 2009 a las 12:17 am
Hola a todas y todos.
Mi nombre es Fabian, tengo 32 años y vamos al club de pedro desde hace un año.
Lo que les quiero decir es que a mi mujer lo que más les gusta es ver cómo otros excitan eso es lo que a ella le prende mucho y bueno, tambien a mí, porque a mí lo que más me gusta, más que intercambiar, es ver a mi esposa muy excitada. Ella se excita viendo a otros y yo me excito al sentirla a ella caliente. Magnifica combinación en un club
Fabian
Septiembre 26, 2009 a las 7:52 pm
Hola: Les cuento los que he vivido en el club de Pedro. Mi nombre es Mirna, soy chilanga, flaquita pero tetona, de cabello corto, cara afilada y lindas piernas, no estoy para ganar el concurso de Miss Mundo pero sí para entusiasmar a más de uno. Mi piel es morena, mi cabello lacio, los ojos son cafés claros y grandes, cumplí 36 años hace un mes, estudié música y actualmente toco el violín en una buena orquesta.
Estoy casada con Humberto, un arquitecto de mi edad, muy talentoso pero muy creído también, muy egocéntrico, pues como tiene mucho éxito en su profesión, viaja frecuentemente pues construye algunas casas en Nuevo México y pasa largas temporadas allá; lo quiero todavía y puedo decir que me trata muy bien, que me cuida y está al pendiente de todo lo que necesito. Nuestra relación sexual es buena, sin que se pueda decir que es maravillosa, además de que tengo una hija de 11 añitos.
En fin, como en los cuentos, mi vida era feliz pero hace unos meses, empecé a salir con un joven pianista de apenas 25 años, le llevo más de diez y muy pronto, me acosté con él y muy rápido supe que no me veía como una relación estable. Aún así, me encapriché con él porque las veces que nos acostamos, fueron el paraíso para mí, tuve muchos orgasmos y la pasé delicioso, como nunca en mi vida, como nunca me ha ocurrido con Humberto, mi marido, ya que Israel, a pesar de su juventud, es todo un experto.
Pronto supe que tenía las novias y las amantes que quería, no es feo y tiene un gran éxito como pianista pero ¡qué tristeza!, de pronto dejó de llamarme y de tomar mis llamadas. Yo estaba muy triste y obsesionada, el tipo ya no me pelaba y de vez en cuando, insistía y le llamaba; para fortuna mía, en una de esas, él contestó en su casa. Debo confesar que casi le rogué que nos viéramos pero Israel me dijo que estaba muy ocupado, aún así le insistí y me dijo que esa noche iría a un club swinger con una chica, que si quería, nos veríamos allá, a las once de la noche, incluso me dio la dirección de lugar, misma que anoté como una autómata.
Era indignante lo que el tipo me pedía, era humillante pero imagínense qué, a las once llegué a ese antro, temblaba de miedo y entré sola, enseguida me senté en unas de las mesitas de una esquina y pedí un coctel Margarita, había poca gente pero poco a poco fueron llegando muchas parejas más. Yo los observaba en aquella penumbra, tratando de descubrir a Israel, eran ya casi las doce y yo seguía sola, viendo parejas acariciándose en las mesas o bailando provocativamente en la pista, hasta pedí otro coctel Margarita.
Pasadas las doce, ya había decidido abandonar el lugar pero decidí tomarme una última copa, tengo que decir que no me sentía ya tan mal y que se me había quitado el miedo, más aún, estaba relajada mirando todo lo que ocurría; noté que cerca de mi mesa, una pareja se acariciaba abiertamente, ella lo masturbaba y él le chupaba los pechos. Pronto empecé a sentir cosquillitas allá abajo y en lugar de irme, decidí pedir una Margarita más y me dispuse a ver el show, estaba un poco borracha pero sólo un poco.
El show consistió en dos strippers hombres y una mujer que se encueraron y pasaron por las mesas, para que los tocaran quienes quisieran y luego, los tres se pusieron a hacer el amor en la pista; ya en ese momento, puedo decir que estaba muy relajada, más que relajada, viendo esa escena erótica. Estaba por acabar el show cuando la luz se hizo para mí, entró Israel, enseguida me levanté y le hice señas, nada me importaba que su chica caminara a su lado; ella era muy joven y esbelta.
Cuando ellos se acercaron, me saludaron y se sentaron conmigo, enseguida supe que ella era una beldad, de verdad era una muchachita muy guapa, de cuerpo de concurso, con la que no podía competir y me sentí vieja; aún así, los tres nos pusimos a platicar. Ellos fueron muy amables conmigo y me dijeron que llevaban unos meses asistiendo al club, luego me explicaron cómo funcionaba, me pidieron otro Margarita, ellos tomaron ron y comenzaron a darse un faje de campeonato ahí, a mi lado.
Me excitaba mucho de ver a Israel metiéndole la mano a esa mujer tan guapa, a unos centímetros de mí y luego de unos minutos, se pararon y él me hizo una seña de que fuera con ellos, enseguida caminé a su lado y entramos los tres al cuarto oscuro, donde apenas se veía. Ahí, los tres nos sentamos en un sillón corrido, donde había algunas otras parejas, era una locura lo que ahí ocurría, sexo oral, 69´s, pechos de fuera, piernas abiertas, penes al descubierto, no se imaginan lo que es eso.
Luego, un hombre me quiso acariciar pero le retiré la mano y no insistió, tampoco Israel y su chica dejaban que otros los acariciaran pero sí empezaron a hacerlo entre ellos, él la besaba y tenía su mano entre sus piernas; por su parte, ella lo acariciaba sobre el pantalón. Yo veía a todas partes, tenía celos y excitación al mismo tiempo, pensando en cuánto me gustaría ser la joven a la que Israel le acariciaba la vagina, la misma que gemía pidiendo más, la misma que le bajaba el cierre y le sacaba el pene, para comenzar a masturbarlo, la misma que tomó mi mano y la puso en el pene de Israel, así que las dos lo masturbábamos.
Luego, él quiso salirse del cuarto y desde luego, nosotras nos salimos con él y los tres nos fuimos a nuestra mesa, misma que él movió y así, se quitó el pantalón y se sentó entre las dos; siguieron momentos deliciosos, de besos y de lujuria, de caricias y de deseo sin límite, él nos acariciaba a una y a otra y las lo acariciábamos a él. Al fin, Israel decidió hacerlo conmigo y me recostó en esa especie de silloncito corrido que sirve de silla, enseguida me subió la falda, hizo mi tanga a un lado y me lo empezó a meter mientras su chica lo animaba dándole besos.
Yo alcancé la gloria pronto, diría más que la gloria, la verdad es que ese pene me tenía enferma de placer y de deseo, no duré ni cinco minutos en venirme dos veces pero no con un orgasmo normal, fue algo casi mágico. Después, él se salió de mí, se sentó y de inmediato, su chica lo montó, comenzando a moverse, a cabalgarlo y a gozar tanto como yo; también ella se vino muy rápido, luego se bajó.
A continuación, Israel se puso de pie, con el pene mágico aquel todavía bien parado y me lo acercó a la cara. Yo no duré ni tres segundos en comenzar a chupárselo, sintiendo en mi lengua, los jugos de la muchacha, pronto lo engullí y comencé a chupárselo, a masturbarlo con la boca como una poseída hasta que él se comenzó a vaciar en mi boca y yo, a sentir lo que es la mayor felicidad lujuriosa de una mujer caliente, sentir aquellos chorros en la boca, comenzar a tragármelos saboreándolos, poquito a poco, no sé por qué me hacía sentir tan a gusto, tan contenta, tan caliente.
Al final, nos acomodamos las ropas y volvimos a charlar animadamente, acordamos que los tres nos veríamos una vez cada quince días en el club, cosa que ha venido ocurriendo regularmente. Aunque la chica que lo acompaña no es siempre la misma, lo que sí siempre es lo mismo es mi placer desbordado y la verdad, no me importa compartir a Israel, prefiero tenerlo así que no tenerlo.
No sé que dira la psicologa al respecto
Mirna
Septiembre 27, 2009 a las 5:36 pm
Buenos Días:
Para la psicologa y para apple:
Lo que han dicho en comentarios aquí escritos a mi también me ocurren. Me excita sentirme obligada, me gusta que me vean, me gusta ver a otras parejas, me gusta que me hablen con groserías eroticas. Me gusta ir al club y vivir todas esas experiencias.
Nosotros, mi marido y yo, vamos al Coliseum donde ya tenemos varias parejas amigas con las que hacemos muy ricas cositas. Al comenzar a ir hace tres años se nos dificultó mucho empezar a atrevernos, pero una vez rotas las amarras, ahora hacemos todo lo que nos excite y nos satisfaga sexualmente.
Pero me gustaría que me dijera la psicologa qué es lo traemos en la cabeza las mujeres swingers para vivir la sexualidad de esta forma tan diferente a todas las demás chicas. Yo a veces pienso que es algo normal, que es solo una manera más libre de vivir lo erotico, pero a veces creo, la mayor parte de las ocasiones, que sí es una desviación, una especie de vicio (eso sí muy sabroso) en el que caimos mi marido ya hace 3 años.
La mayor parte de las parejas swinger y las paginas swingers defienden este estilo de vida porque nadie obliga a nadie, porque es una forma valiente de vivir las fantasias para disfrutar más, porque no hay celos, porque la humanidad hace siglos vivía de esta manera compartiendo los momentos que hoy son intimos y solo de dos.
Esa defensa podrá estar muy bien, pero yo sigo creyendo que es un vicio, pero un vicio del que hasta ahora no me arrepiento ni tantito. Los vicios son algo que no se puede controlar y yo siento que yo ya no controlo esta deliciosa depravacion en la que vivo cada quince días a ir al club. Pero al mismo tiempo me digo que si no hacemos mal a nadie pues entonces se trata de una depravación inocente, casi diría buena pues parece no traer consecuencias negativas para nadie.
Bueno, la cosa es que tengo muchas dudas. Me gustaría que la psicologa me hiciera un comentario, pero no el mismo discurso que tanto usan los swingers y que ya es sólo un lugar comun.
Besitos
Olivia R.
Nota: tengo 36 años, soy hetero; mi esposo tiene 46 y es hetero también. Ambos somos profesionistas. Yo odontologa y él ingeniero. Venimos ambos de familias tradicionales y tenemos una posición económia desahogada.
Octubre 7, 2009 a las 4:59 pm
Todas las historias me encantaron me puse muy caliente y me vine varias veces, estoy muy envidiosa por que me encantaria tener una historia que contar pero todavia no ha pasado, pero cuando eso sudeda le voy a contar todo con lujo de detalles,. un besito y si hay una mujer de cali – colombia que quiera estar con mi esposo y yo que me escriba yo tengo 20 años y mi esposo 22…. les mando muchos besos♥
Octubre 19, 2009 a las 10:05 pm
[...] Mujer, Me gusta el sexo swinger ¿Soy depravada? Octubre 19, 2009 — Ancira Dueñas Olivia R. Nos ha comentado [...]
Octubre 27, 2009 a las 5:11 pm
Hola:
Que decir de los nervios que teniamos antes de entrar al club.
Entramos, no entramos, ya en la puerta del club en nuestro coche y con el valet esperandonos, decidimos entrar a ver como esta con la premisa de nuestra seguridad.
Nos reciben amablemente, pagamos nuestro cover nos explican y pasamos, se ve un lugar normal muy semejante a un discoteque de hace unos 10 años, llega una persona nos explica el uso de unas varitas de colores se nos hace muy prudente.
Pedimos algo de tomar pues los nervios estan a todo lo que da, platicamos de como nos sentimos y parece que todo va bien.
Empiezan a llegar parejas, en un común denominador muy sexies, nada que envidiar de mi esposa que lleva un vestidito de lo más sexy, parece todo muy normal, nos empesamos a divertir y a relajarmos un poco más.
La gente empieza a bailar y vemos que todo es más normal de lo que esperabamos, nos relajamos salimos a bailar vemos parejas de diferentes edades, muy sexies casi todas, regresamos a la mesa y platicamos con nuestros vecinos, todos en un mismo ambiente de buena diversión, una es una pareja joven 30 tas y la otra primeros 40tas, nosotros 30 tas, mi esposa platica con la pareja más joven y empieza a romperse el hielo, mientras yo intercambio palabras sin sentido con la otra pareja, decidimos volver a bailar para comentar lo sucedido, vemos que es muy normal lo que ha sucedido, regresmos a la mesa y seguimos platicando solo con una pareja pues la otra no para de bailar, ella trae una mini y una blusa con un blusa muy sexie, comenzamos un plática muy interesante acerca del ambiente swinger, ellos cachondean entre ellos al igual que nosotros,en eso empieza el showpara calentar más los motores, termina y seguimos platicando y tomandonos una copa con la pareja que conocimos, pláticamos de nuestros viajes a Desire, de como es difícil contactar gente sería y que entienda de esto, empezamos a cachondear un poco más y decidimos bajar al piiso donde se tiene mas privacidad, nos sentamos y seguimos platicando no sin empezar a tener temas muy calientes etc…..
Comenzamos a jugar cierto jueguito para romper el hielo en definitiva.
Empiezan los castigos, en un principio besitos caricias experiencias etc….. todo se estaba poniendo a tono, hasta que el juego empezo a transformarse, empezamos a acariciarnos entre castigo y castigo, Yo a Lety (mi esposa),Tomás a Adriana, un poco despuúes ellas nos acariciaban muy rico, ahi empezamos a intercambiar caricias yun poco más………. de ahí decidimos entrar al cuarto obscuro a jugar un poco más, entramos al cuarto de sado y solo jugamos pues cayeron las pendas de ellas que solo se quedarón en tanga, ahi empezamos a cachondear muy rico, Adriana me masturbaba, mi esposa a Tomás etc , de ahi pasamos al cuarto donde hay más privacidad, ahi ni modo jajajaja nos desnudaron ellas, y quedamos en igualdad de circunstancias, el ambiente era inmejorable muchas parejas teniendo sexo la mayoría intercambiando, decidimos irnos al colchón más íntimo, al final que estaba vacío y en espera de nosotros, llegamos y ya no podia más al igual que Tomás así que decidimos tener 5 minutos el control yo 5 él jajajaja querían jugar esa era la revancha,ellas se incarón y nos hicieron una mamada de campeonato, despues subimos al colchón y se la metimos durísimo no podiamos más, nosotros paraditos ellas de misionero subiendo las piernas al hombro, y ahi empezo lo más ricopues ellas empezaron a fajarse de una manera deliciosa tomas le sobaba el clitoris a mi esposa, yo a adriana etc, decidimos dejarlas un poco a ellas ya que de l faje pasaron a todo, y empezamoa a hacer de todo Tomas se siguio cojiendo a Adriana, mientras Adrian le hacia oral a Lety y ella a mi oral, acto seguido ellas me hiciero una mamada de campeonato, es obvio decirles que las caricias ellas y yo eran espectaculares al igual que para Tomás, de ahi empezamos a cohjer cada quien con la suya de diferentes posiciones hasta que no pude más me sali y me vine en las tetas de las dos como delicioso Tomás hizo lo mismo en la espalda de las dos, nos quedamos ahi un rato nos cachondeamos rico, de ahí nos fuimos a vestirnos, salimos a tomar una copa y decidimos ir a un Hotel para seguir la fiesta……pero esoes otra historia,
Gracias Coliseum…..
Octubre 29, 2009 a las 11:51 pm
Esa noche sí iba dispuesta a todo. Mi marido y yo lo habíamos hablado varias veces, pero ahora sí me había decidido. Manolo estaba muy excitado desde que salimos de casa camino a la Casa Swinger. Era sabado en la noche y llovía fuerte. Al bajarnos del cohe, Manolo me aconsejó que no me presionara. Pero yo estaba decidida a tener relaciones con una mujer y así esporar mi lado bi esa noche. Durante meses había fantaseado con hacerlo con Tere, una chica que en varias ocasiones me lo había propuesto, una morena que tiene una muy linda cara y es alta y con el cuerpo muy robusto. Tere me había querido meter mano en dos ocasiones, pero yo me había negado y ella se comportó muy correctamente. Con su marido, Gil, si lo había hecho y, desde luego, Manolo con ella, pero hasta esa noche ella y yo no habíamos hecho nada. Cada sabado primero de mes nos encontramos en la Casa Swinger.
Llegamos a la media noche y nos sentamos de inmediato junto a Gil y Tere. No es que ella fuera nada guapa, sino que era super cachonda con su faldita negra y con sus piernas fuertes de muslos muy gordos y duros. Yo creo que ella algo notó en mi mirada porque se quedó en silencio en lugar de platicar hasta por los codos como suele hacerlo.
Pasaron los juegos y el show que estuvo esa noche muy atrevido con varias parejas comiendose a los strippers. Fuimos los primeros en subir. Los cuatro nos metimos al cuarto oscuro de la derecha. Mi espos me empeso a fajar y Gil hizo lo propio con Tere. Estabamos los cuatro de pie. Besos y caricias. Rico. Pero yo sentía a Tere tan cerca de mi, respirando hondo. Mientras mi marido me chupaba los senos, mi mano busco la de Tere y la encontró. Unos minutos pasamos con los dedos entrelazados. Luego yo me moví y me puso frente a ella. Nos acodomas de tal manera que Gil quedó atrás de su mujer, el mio atras de mi (ya con el pene de fuera) y nosotras frente a frente. Ella me tomo de la nuca suavemente y mi rostro al suyo. El beso fue suave y delicioso. Un beso, otro, beso, muchos cada vez mas calientes. Luego sus manos en mis senos. Njuestros maridos se ocupaban de desvestirnos por completo. Nosotras nos besabamos y nos tocabamos los pechos. Ya no pude más y bajé mi mano. Que extraña sensación acariciar por primera vez los muslos de una mujer. Bien duro, bien suaves, bien gordos, bien cachondos y luego, lo obligado, tocar por primera vez un sexo femenino, una vagina mojada. Por primera vez senti entre mis dedos otros liquidos sexuales femeninos que no fueran los mios. Al meter los dedos y empezarlos a mover dentro del sexo de Tere, casi me vengo. Nos acostamos los cuatro. Tere se acomodó de tal manera que comenzamos a hacer un 69. Los hombres cuidaban que nadie se nos acercara. Así, como si lo hubiera hecho siempre, comenzé a besar, a lamer, a chupar el sexo depilado de mi amiga, el clitoris más grande que he visto, mientras ella hacia lo propio y logró hacerme venir en unos cuantos minutos. Tambien ella tuvo su orgasmo en mi boca. Nos separamos, cada quien le hizo sexo oral a su hombre y así los cuatro acabamos. Nunca me había sabido tan rico el semen de Manolo.
Muchas parejas nos estaban viendo y el lugar se volvio muy incomodo para seguir ahí. Nos vestimos y nos bajamos. Tomamos una ultima y nos despedimos.
Yo digo que ha sido la mejor noche sexual de mi vida.
Ceci
Octubre 30, 2009 a las 3:25 pm
Apple:
Nosotros no somos todavía swingers, somos apenas novios pero leemos mucho esta pagina juntos y nos calentamos bastante con las historias. Hasta las imprimos y nos metemos a la cama del hotel para leerlas. En mes viajaremos a México para ir a un club. Hemos decidido la Casa Swinger (alguna sugerencia?). Vivimos en Ciudad Victoria, Tamps. Los dos somos profesionistas pero tambien musicos de rock. ¿Conoce alguien un club swinger con esa música? Ya les contaremos como nos sale ese reven en el antro chilango de intercambio.
Pero, por fa, personal de Apple, al menos ordenen la pagina. Ya no encontramos el artículo de una chava que daba un buen panorama de la onda swinger.
Hay demasiadas cosas y mal colocadas. Como soy actuario, tengo mente ordenada. La cosa podria ser así:
Seis entradas en un sólo apartado:
1.-Información sobre mundo swinger.
2.- Experiencias ocurridas en clubes swinger (ordenadas también por tema o por algo así).
3.- Opiniones sobre los clubes swingers.
4.- Consultas a las psicologa.
5.- Todo sobre apple.
6.- Mensajes más recientes.
Estos seis puntos se pueden poner en un solo apartado claramente diferenciado de los más.
Para incluir lo demás asuntos que les interese a ustedes de apple podrían abrir otros dos o tres apartados.
Ojala sea útil mi sugerencia.
Besitos a todas para parejitas cachondonas.
Alvaro